lunes, 26 de abril de 2010

EL LIBRO DE BIOQUANTUM

Capítulo 2



No eres el cuerpo físico

Gracias a que tu cuerpo físico existe y, mientras esté sano, lo puedes mover en este plano de materia. Lo traes por aquí y por allá, con él subes y bajas por doquier; como luego dicen, ‘andas del tingo al tango’ y eso te hace feliz. Con la ayuda de tu cuerpo es que caminas, piensas, respiras, amas, odias, haces y deshaces, tienes hijos, etc., pero sólo mientras el Ser o espíritu se encuentra activo en él; porque una vez que el espíritu se separa del vehículo, ya no contiene éste el aliento de vida y sobreviene de forma irremediable la muerte física. Así es como se deja de existir virtualmente por tiempo indefinido dentro de la carne.



¿Qué sabes tú del “más allá”? Quizás poco o quizás nada. Y si fuera poco lo que dices que sabes del tema, creo que hasta podrías tener algunos conceptos equivocados, por eso es mejor que aclaremos. Casi siempre has creído que nada más tienes una forma: la física que percibes, y ninguna otra. En verdad estás convencido de eso, y por desgracia también crees que tu forma sólo puede estar en un lugar a la vez; pero yo te aseguro que tienes otras formas que no percibes y que las creas para distintos propósitos.



Bajo ese parámetro yo sostengo que durante todo el tiempo que vives, ¡no eres el cuerpo físico! Te lo digo hoy y te lo volveré a decir siempre que necesite recordártelo. Lo que tú eres más bien, es una energía que está más allá de lo humanamente concebible, la cual se manifiesta durante cierto tiempo a través de la envoltura o aspecto visible y tangible que es el cuerpo físico. O sea, el Ser o espíritu ocupa la materia como una prenda de vestir que se pone y que se quita a voluntad. Así ha sido y así será por los siglos de los siglos. Pero, vamos, ¿en qué me baso para hablar de esa manera? Te explicaré, y espero que no te quede una sola duda al respecto.



Verás, yo nací en el seno de una hermosa familia en pleno verano del año 1964. Soy originario de un pintoresco pueblito de agricultores y ganaderos enclavado en la sierra de Jalisco, México. Los que vivíamos allí, en aquel tiempo, no pasábamos de trescientos habitantes distribuidos todos en poco más de sesenta casas. Éramos una pequeña comunidad, muy unida, por cierto. Nuestros padres tuvieron a bien darnos todo lo necesario y, sí que nos supieron prodigar amor sin distinción, por eso mis hermanos y yo siempre fuimos muy felices. Por supuesto que desde pequeños se nos enseñó a ocuparnos de las labores del campo, mismas que desempeñábamos con bastante diligencia y entusiasmo.



Estaría yo rondando los cinco años de edad aproximadamente, cuando me hice consciente de algo que había estado sucediéndome de manera recurrente. Una inolvidable noche, después que mi madre nos ofreció una muy rica cena, recuerdo que nos fuimos todos a acostar, arrullados por el habitual canto de los grillos. A los pocos minutos de haberme quedado dormido, ¡yo estaba de pie fuera de la cama!, completamente consciente y despierto mirando mi cuerpo allí acurrucado bajo las gruesas cobijas descansando plácidamente.



¿Te dije que estaba levantado y despierto viendo mi cuerpo? Y así era, en efecto. Pero, ¿cómo iba yo a estar despierto si en esos precisos momentos me encontraba bien dormido? ¿Cuál de los dos entonces era yo?, te preguntarás. O más bien, ¿quién era ese que estaba dormido en mi lecho? Podría jurar que quien estaba acostado era yo, sin duda, porque hacía pocos minutos me acababa de meter a la cama. Me acordaba muy bien de eso, hasta me encontraba en la misma posición. Pero, si yo sentía plenamente que quien era el verdadero yo, era el que estaba de pie, ¿qué crees que estaría pasando?



Ahora de adulto digo que qué bueno que no me asusté de formar parte de aquel fantástico escenario. ¿A qué le puedes atribuir que no me haya espantado? ¿Qué habrías hecho tú ante tal situación? ¿Por qué no grité? ¿Por qué no se me ocurrió pensar que estaba muerto? ¿Por qué no corrí como loco a meterme a mi cuerpecito físico para despertar jadeando y llorando como una gallinita cobarde? ¿Estaría soñando? ¿Alucinaba acaso? ¿Me encontraría quizás bajo los efectos de un brebaje maligno? ¿Sería toda esa visión producto de una terrible pesadilla? ¿Estaría mi subconsciente burlándose de mí y me jugaba una broma de mal gusto? ¿Estaba paranoico? ¿Sufriría en ese momento de la terrible esquizofrenia? ¡No, no y no! ¡Nada tan lejos como eso! ¡Todo estaba en su justo lugar! ¡Todo!



Primero déjame decirte que, no me espanté, ni grité, ni pensé que estaba muerto, ni tuve deseos de correr a meterme al cuerpo, así como tampoco estaba soñando ni alucinando, puesto que no había ingerido ningún tipo de medicamento o droga, ni estaba teniendo una pesadilla, ni mi subconsciente me estaba gastando una broma pesada, ni estaba paranoico, y mucho menos esquizofrénico o loco de atar… nada de eso; nada. Entonces, ¿qué pasó? Pues, simplemente pasó que nunca cruzó, ni por asomo siquiera, un solo pensamiento por mi tranquila y muy receptiva mentecita.



Y tú tienes todo el derecho a replicar: «¡Que qué!, pero, ¿por qué no pasó nada por tu mente?» No pasó, porque yo no sabía nada respecto a esa larga lista de boberías que enumeré párrafos atrás. Has de recordar muy bien que yo era un niño que apenas iba a cumplir los cinco años de edad; y un crío tan pequeño, el cual todavía no asiste a la escuela, no ha visto televisión, ni está influenciado por lo que le cuenten terceras personas, pues, no piensa en nada. Así de sencillo. Abundando un poco en el tema, el “disco duro” de mi computadora, o sea, mi mente ─si me permites planteártelo de manera figurada─, todavía se encontraba limpio de ideas extrañas y no tenía almacenado datos equivocados en torno a esa otra realidad.



No había en mi interior información de ningún tipo que pudiera servirme como base de la cual partir o que figurara como un antecedente. Esa fue la razón por la que no pensé en nada. Todo me pareció natural… todo estaba bien, así que no había por qué preocuparme. ¿Preocu… qué? ¡Vaya!, por fortuna ni siquiera sabía en aquellos tiempos lo que significaba esa enredosa y problemática palabra. Yo sólo sabía que era el niño más feliz de la Tierra porque nada me hacía falta. Además, las imágenes que aún conservo, y bien claras, es que a diario corría y saltaba como un venadito libre de ataduras por las serpenteantes veredas del campo, o en su caso, entre las cristalinas aguas del río chapoteando y jugueteando con mis hermanitos hasta que el cansancio y el hambre nos vencían.



Ni más ni menos así era mi vida. ¡Bendita inocencia la mía!, creo que esa inigualable libertad, y el haber crecido en contacto pleno con la naturaleza, fue lo que me salvó de llevarme un buen susto cuando me miré fuera del cuerpo físico allí, al pie de la cama, dentro de mi habitación. Toma en cuenta que yo no tenía nada con qué medir, nada que me dijera que aquello que estaba viviendo era bueno o era malo. ¿Cómo iba yo a saberlo? Después de eso siempre he creído que a veces es mejor no saber nada. Pero nada de nada, ¿eh? A esa edad yo era bien inocente. ¿Por qué? Te lo dije antes, y lo repito: todavía no entraba oficialmente a la escuelita primaria, y tampoco había tenido la oportunidad de ver ningún programa de televisión.



Recuerdo que unos meses después de ese bello acontecimiento que marcó mi vida, pusieron los postes de luz y tendieron los cables de energía eléctrica para suministrar de ese vital fluido a aquel apartado puñado de casas ubicado en la serranía. Así que, hacia 1969, en mi querido “rancho paraíso”, nosotros todavía vivíamos de la forma más pura y natural que te puedas imaginar. Haciendo un pequeño paréntesis, en ese mismo año también, casi toda la familia nos mudamos a una gran ciudad con playa, primero, para que siguiéramos gozando de la vida, y luego, que tuviéramos la oportunidad de estudiar, y así, un buen día pudiéramos ser gente de bien en esa nueva sociedad que nos acogió con beneplácito.



Y, volviendo al caso que me atañe, por todo lo anterior, aquella portentosa noche fue y será una de las más hermosas de toda mi vida. Reitero que no me dio miedo ver que me encontraba fuera de mi cuerpo, no, de ninguna manera. Más bien yo estaba feliz y contento porque era totalmente consciente en medio de dicho evento. Muchas veces antes había soñado que volaba libremente por los cielos, pero en esa ocasión en particular, todo era más real, así que, debía aprovechar. Acto seguido me acerqué a su cara (mi cara) para estar seguro que aquel cuerpecito respirara. Me llenó de alegría ver una sonrisa dibujada en sus labios; luego lo dejé, y caminé muy resuelto hacia la puerta.



Una sensación muy extraña recorrió todo mi ser al momento que mi manecita literalmente se ‘hundió’ en la agarradera de la puerta cuando quise asirla para abrir. Eso me indicó que no era sólido, que no tenía piel y huesos como el que se había quedado dormido en la cama, sino que estaba compuesto de pura energía. Después de varios intentos fallidos y ver que no podía abrir como se debe, me di cuenta que sólo atravesando con todo mi cuerpo era como iba a poder salir. ¡Qué dilema! Pero eso no iba a truncar mis deseos de averiguar lo que había afuera.



Me armé con todo el valor con que contaba, porque temí que al cruzar, mi cabeza se podía quedar atorada; ¡qué horror! En verdad, no pensé en el resto del cuerpo, pero sí creí que los huesos del cráneo quizás eran muy duros para pasar de esa manera tan poco ortodoxa. Así que, para el primer ensayo, me puse en posición de ‘firmes’, creí respirar profundo, y luego contuve el aliento; una vez decidido, pero con los ojos cerrados y las manos por delante, atravesé las tablas lentamente, todo trémulo de emoción…



Al cruzar completamente, la acción me gustó tanto que me di el lujo de volver a entrar al cuarto, pero esta vez reculando. Ya sin temor alguno, volví a enfilarme hacia la puerta rápido, nada más que en esta ocasión el impulso fue tan instintivo y descontrolado, que por poco me voy de bruces y me pego en la mera bocota contra el suelo. ¿Dije ‘golpear contra el piso’? ¡Ja, ja! Cómo se nota que no tenía ni la más mínima noción de lo que estaba ocurriendo. Es cierto, pensé que iba a caer pesadamente como un fardo, pero sólo fue eso, un pensamiento, ya que después de trastabillar, perder el equilibrio y pasar atropelladamente a través de la puerta, sin que ésta pusiera la menor resistencia, quedé suspendido horizontalmente en medio de la nada, flotando suavemente cual pluma en el aire.



¡Qué noche, Dios mío, qué noche! Y nada que, el destino me tenía reservadas todavía muchas sorpresas más. El que me haya tropezado, y haber creído que caería estrepitosamente al suelo, sin lograrlo, por supuesto, porque quedé balanceándome a la altura de mi pecho, me dio la oportunidad de practicar por primera vez, conscientemente, la técnica de vuelo que tantas veces durante los sueños había experimentado… Moviendo manos y pies, como si estuviera nadando bajo el agua, pude sentir que me desplazaba a la velocidad que yo pensara. Todo dependía de mi entera voluntad. Yo decidía si iba rápido o lento, y lo medía según las circunstancias.



Primero le calé a ir para adelante, luego me fui para atrás. Me desplacé al lado derecho, y después al izquierdo. Hice giros sobre mi propio eje a ciento ochenta y luego a trescientos sesenta grados. Enseguida, en posición erguida (‘parado’), me elevé varios metros del suelo hasta que pude ver los tejados de las casas; en cierto momento rocé las copas de los árboles y me posé en uno de ellos cual si fuera un colibrí. No tuve miedo de caerme. Después de hacer varios despegues con sus respectivos aterrizajes, me quedé de pie en el piso nuevamente.



Creí haberme fatigado; hasta jadeaba un poco, por eso opté por detenerme. Aproveché para hacer un recuento de todo aquello tan hermoso que acababa de experimentar. Me sentía súper excitado porque, para empezar, había atravesado la puerta, lo cual era un logro, y ahora sabía que podía volar ¡y no era un sueño! ¡Qué emoción tan grata sentía en todo mi ser! Oh, oh, parecía que mi corazón de un momento a otro iba a explotar. ¡Qué indescriptible alegría! Estaba lleno de júbilo porque podía atravesar las cosas sólidas sin que para mí fueran obstáculo.



Años después, ya en la ciudad, vi por la pantalla de la televisión que Gasparín, “el fantasma amistoso”, también atravesaba puertas, paredes, techos y lo todo que se le pusiera enfrente tal y como yo lo hacía desde chicuelo. Ah, déjame decirte que aquella primera vez de mi salida consciente, noté que estaba desnudo; aunque no ocupaba la ropa para nada, porque del contorno de mi cuerpo salía un “humo” blanco muy fino, del grosor como de una cuerda para bailar el trompo, y éste no se disipaba. Eso me hacía sentir vaporoso y a la vez liviano…



Yo sólo sé que veía una energía blanca, con azul tenue, que me rodeaba todo, y eso le daba “volumen” a mi cuerpo. En esos momentos no era yo otra cosa más que un pequeño espíritu osado e inquieto que se aventuró a salir de casa sin el menor recato y, eso sí, exento del famoso miedo que tanto daño hace a las personas mayores. Yo nada tenía que perder. Además, con nadie tenía que quedar bien.



Mientras estaba cavilando en el corredor de la vivienda, sentí la presencia de alguien que se encontraba parado allá, al fondo del patio, junto a un frondoso árbol de capulín, como a unos cinco o seis metros de distancia. Se trababa de un espectacular personaje que parecía estar esperando pacientemente a que yo terminara de hacer mis malabares y poderse acercar. Al mirarnos cara a cara, él me sonrió alegremente y caminó hacia mí. Esa figura brillante estaba llena de luz blanca y dorada. Parecía estar envuelto en una bola de fuego palpitante, pero no hacía ningún ruido. De todo su cuerpo salían destellos de luz, parecidos a la lumbre, pero esas llamas no quemaban. Posiblemente de alto tenía más o menos lo que medía el marco de la puerta, eso quiere decir que me sacaba más de dos veces mi estatura. Al estar a un paso cuando mucho de mi persona, se detuvo, me saludó inclinando un poco su cabeza, y me dijo que me estaba esperando para llevarme a dar un paseo.



¿Me dijo, o lo pensé? Me lo dijo, y aunque no usó la boca para hablar, de todos modos escuché fuerte y claro dentro de mi cabecita el saludo y la cordial invitación: «¡Qué tal, mi niño!; vine por ti, te estaba esperando para llevarte a dar un paseo». Y resultó que no me costó mucho trabajo comunicarme con el extraño visitante de la misma manera que él lo hacía, o sea, ¡por medio de los pensamientos! Lo que yo pensaba, él lo entendía, y de inmediato me contestaba; y lo que él pensaba, yo lo ‘escuchaba’ adentro de mí. [A eso las entidades de dimensiones superiores le llaman telepatía o transmisión de imágenes].



El radiante ser me tomó cálidamente en sus brazos y me levantó sin el menor esfuerzo hasta que sus profundos ojos azules quedaron a unos veinte centímetros de distancia de los míos. A través de su mirada, un torrente de energía fluyó hacia mi interior y sentí que entendí todo, todo, todo. Era como si en ese instante mismo hubiera traspasado archivos que contenían valiosa información desde su conciencia y quedaron grabados en forma indeleble en la mía. Una vez que me abrazó como a su bebé, tocó suavemente con la parte de atrás de los dedos de su mano derecha mi carita; sentí el roce de su piel con la mía. Leí en sus ojos que no podía contener más la alegría que le causaba aquel divino encuentro y me dio un tierno beso en la mejilla.



Sentí un amor muy profundo hacia ese exquisito ángel desprovisto de alas; lo que pudieran parecer sus alas era la energía tan enorme que le circundaba, pero para mí, eso no eran alas con plumas, me quedó claro. Enseguida, arropándome con su cuerpo, nada más dijo: «¡Vá-mo-nos!». Inmediatamente después estábamos viajando a través de una luz muy fuerte, hasta que llegamos al final de algo que parecía la boca de una cueva o la salida de un túnel. Mi amigo me explicó que ahora nos encontrábamos fuera de la dimensión que yo conocía y que allí se llamaba “blue star”. «¿“Blu estar”?, ¿qué es blu estar?», le pregunté. Y él me contestó: «Blue star es tu casa, mi niño querido; es de donde tú eres».



Ah, ya entendía, blue star era mi casa; o sea que tenía dos casas, la del rancho donde nací, y blue star… qué feliz me sentí al saberlo. Sin más, empecé a experimentar un supremo gozo, un éxtasis, un arrobamiento espiritual y un calor extremo consumía literalmente todo mi pecho, porque ese maravilloso lugar, mi casa, mi blue star querido, me estaba recibiendo con los brazos abiertos. Y en esos precisos momentos me di cuenta que yo era un ser de energía igual que el amigo que me había llevado hasta ese remoto lugar. Nuestra constitución era la misma en esa dimensión desconocida.



No me sentí niño, ni pequeño, ni frágil. Tampoco sentí nostalgia por el mundo que acababa de dejar atrás, donde todo era físico y material. Yo comprendía en lo más hondo de mi corazón que mi cuerpo carnal seguía vivo, y que me esperaba al otro lado del túnel de luz. Lo que me quedó más claro con la enseñanza que allá recibí, es que “el Ser” es quien uno realmente es. ¿Y quién es uno? ¡El Ser!… Sí, el espíritu. Lo que somos es la energía que llevamos dentro, y no tanto el cuerpo físico. ¿Entiendes? Porque los cuerpos físicos son temporales, y el Ser es el que ha sido, el que es, y el que será, por toda la eternidad.



Como te podrás imaginar, he ido y venido a Blue Star ─el planeta al que pertenezco, y que está vibrando en la novena dimensión─ miles de veces desde aquel bendito día. De hecho, te confieso que llevo “doble vida”, ya que de día vivo en la Tierra, y de noche normalmente me muevo en otras dimensiones, pero principalmente voy a estudiar técnicas de sanación a los hospitales de la ‘estrella azul’. Mi adorado mundo llamado ‘Blue star’, es una gigantesca “isla flotante”. No es un planeta físico, es completamente energético, y se está moviendo constantemente de lugar. Tiene una población de varios millones de habitantes; todos son muy sabios, y una gran cantidad de ellos se dedica a innovar todo lo creado. Blue star es uno de los puntos que cuenta con la más alta tecnología del universo que conozco.



Bueno, voy a cerrar la anécdota de mi primer viaje dimensional que hice cuando niño. Pienso que duró como unas dos horas aproximadamente. En ese tiempo pudimos hacer un largo recorrido por varios lugares. Entre otros ─y fue lo que más me llamó la atención─ visitamos unas enormes instalaciones, mucho muy bellas, donde se aplican conocimientos de medicina integral, un sistema completamente desconocido en la Tierra y que me comprometí un día enseñar a todos los que quisieran aprenderlo. Las paredes y los techos de la clínica eran transparentes, semejantes al vidrio que ya conocía, etc., etc.



El regreso a mi otro mundo, a la Tierra, lo hicimos exactamente de la misma manera como llegamos allá. Mi maestro ─ahora sabía que aquel ser era mi guía, y es el padre de mi Ser también─, me tomó entre sus amorosos y fuertes brazos y volvió a decir: ¡Vá-mo-nos! Y otra vez en el viaje, que no creo que haya durado más de lo que tarda un relámpago en estallar, vi la centelleante luz, hasta que llegamos al otro lado del túnel, pero esta vez aparecimos al interior de la humilde morada donde vivía con mi familia terrenal, y justo al pie de la cama donde mi cuerpo dormía.



Aquel hermoso ángel ─ah, porque esa era la imagen que de pequeño tenía yo de los ‘ángeles de la guarda’─ acomodó rápido mi forma energética dentro de mi cuerpo físico, y al instante desperté. En cuanto abrí los ojos, vi ya a mi padre flotando unos centímetros del suelo; con su mano derecha extendida a la altura de su hombro se estaba despidiendo de mí, y dijo: «Hasta pronto, hijo. Que descanses». Desde luego yo me volví a embolismar con las tendederas y los ponchos, cambié de posición y muy orondo me entregué pronto al sueño. Por supuesto que me encontraba exageradamente feliz por la experiencia tan agradable que acababa de vivir.



Pues bien, no creas que como yo tengo el recuerdo nítido de aquel famoso viaje, y las subsecuentes vueltas, hasta estos días, vayas a pensar que soy una persona diferente a ti. De ninguna manera. Tú y yo somos exactamente iguales. Adentro de ti también hay un Ser que tiene su origen en algún punto de este vasto universo, o de cualquier otro, ya sea físico o energético.



Poco a poco me he puesto en contacto con un sinnúmero de personas encarnadas en este mundo y que son originarias también de Blue star, como yo. Te aclaro que no es mi fin ni mi afán vanagloriarme de algo que sucede en mí de manera tan natural hasta la fecha. Pero, ocupémonos mejor de ti, ¿te late?



¿Te gustaría saber de dónde eres? ¿O ya lo sabes? ¿Te queda claro quién eres y por qué estás aquí? Bueno, quizás todavía no, espero que pronto te llegue información al respecto. Volviendo al meollo del asunto ese de que no eres el cuerpo físico, tu supuesta identidad está basada sólo en el cuerpo celular, por eso es tan difícil imaginarte fuera de él de alguna manera.



Pero déjame decirte que cuando tienes un deseo muy vívido de estar en algún espacio en particular, sin darte cuenta, una forma idéntica a la tuya aparece en el lugar que evocaste. Tu vehemente deseo es quien lleva el holograma de tu personalidad a ese lugar y allí aparece. Aunque esa “imagen-pensamiento” no puede ser vista por casi nadie ahora, estoy seguro que en poco tiempo se desarrollarán aparatos capaces de percibir toda clase de fenómenos que vibran más allá de lo “normal”. A como están las cosas, en estos tiempos esa imagen sólo pueden percibirla quienes tienen abiertos sus sentidos internos, los cuales aquí te enseñaré a desarrollar. Cualquier acto mental intenso siempre se traduce primero de manera metafísica y luego se expresa en el plano material.



Todos los individuos envían frecuentemente ese tipo de imágenes como réplica de sí mismos, nada más que el grado de materializació n de cada una de ellas puede variar. Algunas son más definidas que otras; no obstante, recuerda que no son meras proyecciones o imágenes “planas”, y que también tienen efecto sobre el medio ambiente. Las imágenes tienen inteligencia propia, buscan su “espacio” abriéndose camino y casi siempre vibran junto a otras formas u objetos físicos.



Si un día tú desearas fervientemente estar en un claro de un bosque conocido, de inmediato ese intenso deseo tuyo actuará como un núcleo de energía proyectado hacia afuera desde tu Ser y tendrá una forma: tu propia imagen. El lugar que visualizaste atraerá entonces la figura y en un santiamén estarás allí, aunque no se te pueda ver en circunstancias normales. Ahora que si a tu deseo le pones mucha más intensidad, el núcleo de energía será mayor y una parte de tu flujo de energía se unirá de tal manera que por un momento en el cuarto de tu casa, o donde estés, podrá sentirse de repente el olor que despiden los árboles y la vegetación en general; inténtalo y verás.



El alcance de tu percepción dependerá siempre de la calidad de tu imaginación y de la cantidad de concentración que tengas... Nunca dejaré de decir que todas las formas físicas ─incluyendo al cuerpo─ son el resultado del enfoque emocional que uno tenga. La maravillosa energía que viene desde tu Ser interno no sólo ha creado tu parte física, sino que también le da sustento y le da vida. Todo lo que apareció, aparece y aparecerá en el nivel físico, existió, existe y existirá también en otros niveles que un día aprenderás a percibir.



EL LIBRO DE BIOQUANTUM

Capítulo 1

Rasgando el velo del misterio


Es muy probable que tú seas una de esas personas que andan por la vida creyendo que son una criatura meramente física. Y hasta puedes pensar que a tu cuerpo lo forman la carne, los huesos, mucha sangre, ciertos órganos vitales, la mente, ¡y eso es todo! Ahora, si tu vida gira en torno sólo a tu aspecto o imagen exterior, y dependes de ella, es importante que sepas que es la conciencia quien crea la forma física, ¡nunca es al contrario! ¿Comprendes? Si piensas de esa manera ya caduca, estás dejando entrever que te  preocupas más por las cuestiones de la vida mundana y no te quieres dar cuenta que en tu interior reside un poder muy superior al que demuestras de manera cotidiana.



Me estoy refiriendo enfáticamente a esa “otra parte” que quizás no sabes de su existencia; aquella que de cierta manera has negado y la tienes bastante rezagada, o peor aún, olvidada. Hablo de esa otra parte que está leyendo contigo este libro también. ¡Ups! ¿Tienes miedo? ¡Ja, ja!, te digo, ¿ves cómo eres? No temas, que lo “desconocido” no te va a hacer ningún daño. Por medio de estas líneas te ayudaré a desentrañar algunos de los misterios que estuvieron velados por mucho tiempo y que se programó a la humanidad para que se abstuviera de indagar, que porque eso les haría libres, saaabee. ¿Qué te parece si continuamos para rasgar por completo, y de una vez por todas, el velo del misterio?



Podrás llamar a esto que te ofrezco investigación psicológica, psíquica, antropológica, o hasta espiritual; pero es bueno que sepas que es un trabajo científico que me llevó años recopilarlo y contiene mucho de física cuántica, medicina alternativa, autoconocimiento integral y otras cosas más. Y para que te sientas de veras a gusto, te anticipo que no te pediré que busques afanosamente algo que no vas a encontrar. Nada de eso, por ningún motivo me atrevería hacerte perder el tiempo. Esto que estamos emprendiendo juntos es más serio de lo que te puedes imaginar, pronto lo vas a constatar. Y como sé lo mucho que vales, te dedico esta obra con todo mi corazón. De paso quiero expresarte mi respeto y admiración porque sé quién eres, aunque tú todavía no te conozcas del todo.



Déjame decirte que con asombro he descubierto que los limitados cinco sentidos físicos no son muy fiables a la hora de darle imagen a la realidad verdadera, porque el mundo que crees conocer es más virtual que real. ¿Puedes imaginarte en el grave aprieto en que te encuentras? Para mí eres más inteligente, más creativo y tienes mucha más capacidad de conocimiento cuando estás dormido y soñando que cuando estás despierto, ¿lo sabías? No, creo que no. Pero por algo se empieza, ¿verdad? Con que sepas que no sabes ciertas cosas que fueron alejadas de tu alcance y te las escondieron, con eso me basta. Y es aquí donde se enciende un primer foco rojo, porque estas declaraciones te pueden parecer en este momento ridículas por un lado, o muy fuertes por el otro, pero, confío que cuando termines de estudiar este trabajo completo te des cuenta que mis aseveraciones tienen mucho sustento y al final se volverán irrefutables. Te invito cordialmente a que no pares, tú sigue.



Lo que te voy a transmitir posiblemente es algo novedoso y un tanto cuanto espectacular, porque no es un tema que alguien más se haya encargado de entregarte a lo largo de tu vida. Así como vayas profundizando en la lectura de este valioso documento, te aclararé muchos puntos oscuros que fueron distorsionados con el paso de los tiempos por gente que así convenía a sus intereses. Ahora, quiero destacar que estoy dando mi propia interpretació n de los hechos, porque toda información es descifrada y explicada por quien la posee al entregársela a los demás. Así que, describiré la realidad del medio ambiente que nos rodea de la manera que lo conozco. También te brindo parte de mis vivencias en otros niveles de consciencia y dimensiones que existen en el espacio-tiempo, y que tú no te habías dado permiso creer que vibran al unísono con el escenario exterior conocido. ¿Estamos?



Soy alguien que te trae un mensaje diferente al del mundo que piensas que conoces. Más adelante te contaré parte de mi historia, aguántame tantito. Por ahora quiero hablar de ti. Toma en cuenta que desde que llegaste a este planeta naciste y creciste dotado de una peculiar característica que te diferencia de las demás especies. ¿Que cuál es ese legado tan importante al que hago referencia? ¡Pues que posees la asombrosa habilidad de proyectar tus pensamientos y convertir éstos en formas físicas! ¿Quieres más? Así de “poderoso” has sido desde el principio de los tiempos. ¡Eres único en tu género! Por eso y por muchas cosas más te digo que te admiro y te respeto. Pero, me asalta una duda: si eres dueño de todo ese talento, ¿por qué no le has sacado provecho? ¿Es que no te has dado cuenta que lo tienes, acaso? ¿Por qué te has dejado convencer de que eres un ‘don nadie’?



Éste trabajo sin precedentes viene a ser la punta de lanza que encenderá las antorchas dispuestas a alumbrar el brumoso camino con que te enfrentas todos los días en el largo peregrinar de tu vida. Con gusto te mostraré de manera precisa cómo masterizar tu conciencia superior con tu mente y corazón para que entiendas a fondo los conceptos que plasmo con amor al interior de este bello tratado multidisciplinario. De una buena vez me disculpo contigo por si en algo no coincide la información que te entrego con la que se encuentra en tu preciado intelecto, ya que mi única intención es aportar lo que me toca para que termines conquistando una verdadera, real y duradera apertura de consciencia. No es nada más, ni nada menos tampoco…



Por mi parte siempre recibirás la suficiente cantidad de elementos que te conducirán a la integración y realización total de tu persona, de eso que no te quepa la menor duda. Si me permites, daré inicio a una serie de declaraciones que ya no puedo seguir guardándomelas. Durante toda mi vida estuve esperando el mejor momento para transmitirte esto y creo que la fecha llegó. La humanidad ya maduró, ya está preparada para asimilar estas cosas y por fin yo cumpliré con mi promesa de compartir lo que sé respecto al origen de la raza. ¿Empezamos?



Con tu venia quiero decirte esto: Hace mucho, pero mucho tiempo, elegiste venir a este mundo para interactuar con él, nomás que no te acuerdas. Sabías muy bien todo lo que el planeta te ofrecía para tu propio desarrollo concientivo. Se te hizo del conocimiento que la Tierra es una escuela de aprendizaje como pocas y bastante animado corriste a enlistarte para venir a cursar un grado más alto del que ostentabas; quisiste hacer acá tu maestría; en ‘la escuela de la vida’. ¿Existirá alguna reminiscencia de ese valiente pero a la vez impulsivo y arriesgado acto en tu memoria celular? ¡Por supuesto que sí!, y muy pronto te quedará clara esa situación, ya que yo me ocuparé de hacértelo recordar…



Entonces, como te decía, en tu interior sólo bullía la sensación de que concluyendo con esta no menos dura y larga, pero fructífera estancia en estos inhóspitos dominios, almacenarías una vasta experiencia que te conduciría a niveles tan refinados de consciencia que cuando regresaras a tu terruño querido, allende las fronteras, completamente fundido con tu Ser multidimensional, se ofrecería una gran fiesta en tu honor. Y no te equivocaste, te aseguro que también te entregarán “las llaves de la ciudad” en reconocimiento a tan grande proeza. Te lo digo porque sé. Muchas veces he estado presente en ceremonias de graduados y a todos les ponen insignias en sus trajes y les hacen enormes recepciones con música y todo.



Sirviéndote de las enseñanzas que pongo a tu entera disposición, más pronto que tarde lograrás todos los objetivos que te trazaste en ese compromiso con el destino multidimensional. Es hora que termines ─¿o inicies?─ con la labor que tú mismo te echaste a cuestas. Por donde le busques, vas a tener que cumplir con ese desiderato cósmico. Entiéndelo bien, tú eres un gran Ser de luz que se sometió libremente a usar un disfraz para actuar en una obra de teatro; y no me digas que no escogiste el mejor de los papeles: ¡el de “ser humano”! Hoy por hoy estás involucrado “hasta el tope”, jugando tu juego: “El juego de la Vida”. Porque la vida es un juego y nunca dejará de serlo.



Pero hasta cierto punto te veo absorto, enajenado, agrio y cansado, porque te has tomado muy en serio o muy a pecho tu papel. De todos modos, te felicito porque eres demasiado bueno frente a las cámaras. ¡Pero ni siquiera sabes que te están grabando!, y tampoco te das cuenta que eres visto por millones de seres en otros planos, entre ellos toda tu familia cósmica, los cuales con mucho interés siguen de cerca tu actuación las veinticuatro horas del día y los trescientos sesenta y cinco días del año. En otras palabras, en cada una de tus vidas eres el actor principal de tu propio drama, comedia o tragedia ─¿en cuál crees que encajas?─ que se monta en el set cinematográfico más grande que jamás se haya conocido en el universo y que se llama planeta Tierra. Porque has de saber que esto que está ocurriendo aquí es algo inédito. Es el experimento más novedoso que hay: ver actuar a los humanos batallando con las polaridades del bien y del mal para ver cómo crecen en consciencia.



Los que te rodean también están en el reparto contigo y nadie les explica nada. ¿Por qué crees? En parte se les dejó solos para ver los recursos de improvisación con que todos cuentan. Pero, no te preocupes, tú así lo quisiste. Sabías exactamente a lo que venías. Bueno, déjame hacer una acotación: lo tenías claro al principio, pero con el paso del tiempo ¡se te olvidó! ¡Qué tragedia la tuya! Si aguardas pacientemente te iré haciendo recordar poco a poco; ya que toda la información está celosamente guardada en tu interior, y como soy conocido en el argot cientifista como el “maestro de la intercomunicació n”, creo que estás en buenas manos. Sólo tenme un poco de paciencia.



Te adelanto que, otro segmento del plan consistía en ver cuánto tiempo te tomaba recordar que estás actuando en tus películas, que son tus propias vidas, y sin apuntador, sin guión y sin nada. ¡Wow! Así que, nada más estabas esperando la señal para parar de tajo el seguir actuando de manera inconsciente y pudieras quitar la gruesa venda que cubría tus ojos. Ahora jubiloso te lanzarás a terminar la portentosa tarea por la que encarnaste en esta inigualable escuela de instrucción superior ─¿acaso dije “academia de actuación”?─ que es la Tierra. ¡Bien por ti! Ah, pero no vayas a pensar que estoy delirando, ¡nada de eso! Más tarde te diré cómo le hago para saber lo que sé, ¿sale?, ya falta poco.



Mientras tanto prometo que te ayudaré a usar el máximo poder de tu pensamiento, el cual, combinado con la energía especial que está rodeando en estos tiempos el planeta te servirá para que lleves a cabo los trabajos que necesitas hacer. Aquí aprenderás a utilizar la inigualable fortaleza que hay en tu corazón mientras te abres mentalmente a las posibilidades infinitas de lo desconocido. Con la mente abierta llegarás mucho más lejos en el camino sabiendo que el poder del universo también te ampara. Aprovecha la capacidad que tienes de usar el vasto reino de las posibilidades infinitas; ¿por qué insistes en limitarte a lo que ya conoces? Es mejor que te expandas más allá de tus metas actuales; con seguridad te sorprenderás de lo que se presentará ante ti.



Hablando acerca de la verdad, ésta es muy relativa. La famosa “verdad” es única y exclusivamente lo que a uno le consta. Es «lo que uno sabe» en realidad; y lo que no se sabe, pues no es una verdad, así de simple. Si alguien te dijera, por ejemplo, que Tokio es la capital de Japón, puede que lo diga porque ya estuvo físicamente en ese lugar... si no, entonces está faltando en parte a la verdad. En caso que ese fulano te demuestre que realmente viajó a Tokio, Japón, esa sería su verdad. Pero, ¿es tu verdad? Porque no lo será mientras no hayas pisado ese punto geográfico y no hayas experimentado en carne propia esa realidad. Hasta que no sepas lo que se siente transitar por las calles de esa bulliciosa urbe, para ti no será una verdad.



Quizás des por sentado que esa ciudad es la capital de aquel país porque así lo creíste cuando te fue transmitido en la escuela secundaria, pero, eso no deja de ser mera filosofía, como la mayoría de las cosas que hay en tu vida. Tu cerebro puede estar rebosante de conocimientos teóricos que un día creíste que eran verdad, pero, qué tal si no; ¿ya los experimentaste? Quizás ni siquiera sean verdades de la persona que te los enseñó. Mucho de lo que hay en tu bagaje intelectual puede no ser más que memoria o conocimiento adquirido. La verdad es únicamente de aquel que le consta lo que dice, porque para él es un hecho y no una simple conjetura, una idea o un “dice que se dice”. Toma en cuenta que tu conciencia es exactamente del tamaño de tu verdad. ¿Entonces qué, bajo esa premisa, te consta todo lo que dices que sabes? ¿O eres alguien que sólo repite lo que otro más te vino a contar sin que siquiera les conste a ninguno de los dos?



¿Crees que eres consciente del mar de pensamientos que emites todos los días? Porque la inmensa mayoría no lo es. El problema es que no controlas siquiera la forma como hablas. Si pones atención a tu modo de pensar verás que las imágenes o pensamientos que formulas con la mente terminan siendo la base de tu vida diaria. Si a partir de ahora reencaminas positivamente tus pensamientos (imágenes holográficas) , transformarás por ende tu realidad circundante, así de sencillo. Cuando entiendas cómo funciona tu mente creativa, y lo lleves a cabo verás cómo afecta de manera determinante la realidad. Al darte cuenta que ayuda a cambiar tu vida, será evidente que te funcionará para que lo apliques en la sanación integral energética, que entre otras cosas también te enseñaré. Recuerda que no hay imposibles en este mundo y tú eres el arquitecto de tu propio destino.



Pronto te separarás de la ignorancia y te elevarás hasta sentir la brisa de la libertad que se llama saber interno. En cuanto veas que tu pensamiento debidamente enfocado transforma tu vida, disciplinarás tu manera de pensar y con eso ayudarás a despertar a tu Ser dormido; te liberarás de las cadenas del oprobio y experimentará s un indescriptible gozo. El verdadero deleite consiste en que pronto seas amo de lo físico y no sigas siendo su esclavo, pues tú eres quien ha creado cada cosa a lo largo de tu vida. Eres el responsable de todo lo que has hecho, sea bueno o sea malo. Fuiste tú quien decidió si era un éxito o un fracaso. Eres el dueño de tu felicidad o depresión porque fuiste quien escogió sentir de esa manera. Así fue y así ha sido siempre.



En cuanto sepas que puedes cambiar esto, eso y aquello otro, a partir de ese momento tu vida empezará a ser diferente. Pero, ¿cómo es que se da ese proceso?; pues, de algún modo te tienes que dar cuenta que el poder está en ti; que mora en tu interior y sólo espera que lo uses. Escucha lo siguiente: si todo lo que piensas terminas manifestándolo, entonces tu realidad es equivalente a las imágenes que creas con tus pensamientos. Yo te pregunto: ¿qué quieres de la vida? ¿Qué es lo que nunca has sabido? ¿Qué es lo que no has experimentado hasta ahora? ¿Te interesa hacer conocido lo desconocido? Porque si estás usando apenas el diez por ciento de tu capacidad cerebral, ¿qué tendrías que hacer para activar el resto? ¿Y a dónde te llevará todo ese potencial cuando lo conquistes? ¿Me lo puedes contestar?



En lo que son peras o son manzanas, quiero que escribas una lista de todo aquello que deseas hacer en tu vida, pero ahora mismo, no lo dejes para mañana. Tu hermoso cerebro funciona con destellos de imágenes y hologramas, y cada vez que piensas en algo, éste fulgura. Cada que emites uno de esos destellos sucede algo para bien o para mal y siempre termina afectando tu medio ambiente. Las muchas vidas que has llevado en este plano dimensional se encuentran estancadas y esa es la razón principal por la que continúas encarnándote. ¿Qué crees que hay más allá de este lugar? ¿Habrá algo más por vivir, algo más por ser, algo más por saber? Sí, sí lo hay, te lo juro. Pero ¿qué tendrías que hacer para entrar en una nueva línea de tiempo? Lo primero es ¡que disuelvas tu pasado!, porque casi siempre proyectas tu futuro basándote en tu pasado; y lo que te mantiene en ese estado tan deplorable es la ignorancia, la culpa, la negatividad, el temor y el miedo a cambiar. ¿Te parece poco?



Despertar es que liberes tu naturaleza misma de las cadenas y limitaciones del pasado. Pero, «¿cómo le puedo hacer?», te preguntarás. Es muy sencillo, mira: Empieza por eliminar cuanto antes el ‘negro historial’ de tu penosa vida. ¡Esa sí que es una verdadera solución para muchos de los problemas que te aquejan! Como te decía, tienes que dejar ahora mismo el andar contando una y otra vez tus desventuras y enfermedades a los demás, porque si sigues actuando de esa manera estarás fortaleciendo tus males y te harás vulnerable; ¿más?, me pregunto yo. Por favor ya no compitas con tus familiares y conocidos para ver quién tiene más calamidades. Permíteme enseñarte mejor la manera de destrabar tu computadora personal, o sea, tu mente, por medio de una verdadera reingeniería de tu Ser; por lo pronto te recomiendo que pienses en el amor y la alegría que da la vida, así como la salud y la abundancia en todas sus facetas. Elevando tu frecuencia vibratoria transformarás las energías negativas en positivas y la armonía que necesitas retornará a ti.



De hoy en adelante solamente pisa donde no haya más lemas ni códigos equivocados ordenándote cómo vivir. Dirige tus pasos a donde no existan etiquetas espiritualistas ni materialistas obligándote a hacer corresponder las nuevas experiencias con lo que anteriormente escuchaste de alguien más o leíste en textos antiguos ya caducos por el paso de los tiempos. ‘Abrir los ojos a la realidad’ es darte cuenta quién eres, para que tomes conciencia de tu máxima verdad. Estas palabras son como semillas que estoy sembrando en tu interior y vas a ver que un buen día despertarás rodeado de una delicada y exquisita fragancia que te llenará de paz y sabiduría, de mí te acordarás.



Algunos reajustes que están ocurriendo en tu cuerpo y en tus emociones son derivados de los cambios energéticos por los que la Tierra está atravesando en esta etapa de transición. No trates de curar con medicina física aquello que tiene su origen en las capas etéricas de vibración porque de nada servirá. Una desarmonía energética sólo se suaviza y resuelve por medio de la energía. Lo similar con lo similar, recuérdalo. Cuida tu estabilidad emocional y disciplínate, porque es la única manera de mantener la paz y la tranquilidad en este periodo de cambio al que nos estamos acercando.



Ensaya el silencio mental y practica la contemplación. En el despertar, las huellas que uno va dejando en el camino son antorchas que crepitan incesantes, son luces que alumbran el destino de otros que vienen un poquito más atrás. Todos somos seguidores de la luz que alguien más dejó como una guía. Rompe las cadenas de lo establecido, reprograma tus nuevos esquemas por medio de esta enseñanza y lánzate a conquistar tu propio destino. Ya no debes esperar más…



¿Sabes lo que sucede cuando te enfocas en algo maravilloso en tu vida? Empiezan a desmoronarse muchas cosas que ya no servían y la energía que las mantenía unidas se libera para que aquello que deseas pueda iniciar la coagulación. Así que piensa y encuentra algo que desees que te suceda. Pero asegúrate que esté dentro del rango de tu aceptación y haz un dibujo de todos y cada uno de tus deseos. Enfócate en lo que quieres cambiar de ti mismo; todo es posible. La adicción al pasado no es permanente, te lo aseguro, es algo temporal, bueno, eso digo yo, porque de ti depende. Enfócate en tu carencia, dudas, enfermedades, cualquier cosa, y luego cámbialas una a una por algo mejor. Anda, ¡tú puedes!



En el momento que ves que todo se viene abajo ─energéticamente hablando, porque le has retirado la energía del pensamiento─, significa que has cambiado tu actitud sobre eso. Y en cuanto cambias tu actitud sobre algo, lo quitas de allí; se destruye, se disipa, se desmorona, se convierte en ruinas. El problema es que si mantienes o evocas la misma actitud añeja que te molestó alguna vez, ésta volverá a tomar forma, que te quede claro. Atiende lo siguiente: Con la misma actitud que te enamoras y te vuelves loquito por aquella persona a quien amas y le dedicas sesenta pensamientos por minuto, rememorando siempre su imagen, con esa misma actitud te puedes mantener enfermo, ¿lo sabías? Porque estarías piense y piense en tu dolor y le estarías dando poder y más poder hasta que no haya medicina capaz de curarte. Si me permites hacer otra comparación, tu pensamiento es el clavo que sostiene el cuadro que cuelga en la pared. ¿Captas la idea?



Siguiendo con la misma tónica, los pensamientos son el pegamento que une todo lo que proyectas como destello fulgurante que viene de tu cerebro. Si vives una vida imprudente y escuchas todas las advertencias que dicen que va a acabar con tu salud, así será. Con la misma energía que se destruye algo, repito, con la misma, y no con una nueva, también se puede evitar. Por ejemplo, al momento que la mente cambia de parecer respecto a una enfermedad, la energía que le daba poder se desmorona y se reanuda inmediatamente como salud radiante. ¡Y todo lo hace la misma energía! Tú siempre has hecho eso que te digo, nada más que al revés: de estar gozando de cabal salud, al poco tiempo te estás muriendo, ¿cierto? Te digo que tienes los cables cruzados, y hay que ponerlos pronto a todos en su lugar…



He de precisar que tus pensamientos son los que traen los cambios, porque éstos son luz, y la luz es energía, y no me digas que no sabes que la energía se convierte en circunstancias o materia, como lo quieras ver, al cristalizar, finalmente, a tu alrededor, esa es una gran verdad. A través de este bello conocimiento aprenderás que en cuanto los pensamientos salen de tu mente, de forma instantánea se conectan con la persona o acontecimiento que estés necesitando palpar o sentir, porque todas las cosas se relacionan entre sí, desde el elemento más pequeño hasta la forma más grande de vida en el universo infinito.



Este es el momento idóneo, y lo estabas esperando, para que aclares todas tus dudas, porque no podrás llevarlas más contigo. En el lugar a donde nos dirigimos velozmente no hay espacio ni se da cabida a la ignorancia ni miedos de ningún tipo. ¿Qué harás a la entrada de esa zona si a cuestas llevas todavía ese pesado fardo de dudas y temores?, porque ese tipo de vibraciones no son admitidas en aquella región, ¿eh? ¿Te quedarás entonces en el mismo nivel que estás sólo por aferrarte a tu antigua forma de pensar? ¿Quieres seguir cargando tus miedos por todo el camino nada más para que te digan que tus rechazos e incomprensión no pueden pasar? ¿O quieres comenzar a trabajar para liberarte de los implantes de limitación que te someten mientras haya tiempo?



Si es así, prepárate entonces, déjame tomar tu mano y permíteme mostrarte el camino que te llevará sin dilación hasta la salida del laberinto en que estás metido sin saberlo siquiera. “¿En un laberinto yo?”, pensarás en tus adentros. Sí, en un laberinto tú. Acepta que no sabes muchas cosas que hay a tu alrededor; acepta que no sabes con exactitud quién eres, de dónde vienes, ni por qué y para qué estás aquí, etc. Te pido por favor que abras tu mente y tu corazón, porque en esta electrizante aventura en la que nos embarcaremos juntos, me esforzaré por revelarte algunas enseñanzas que jamás imaginaste siquiera que existían. ¿Vienes, o te quedas?



¿No crees que necesites ‘beber’ de la fuente del conocimiento puro para así obtener la paz interna y que enseguida evoluciones? Sin la verdad en tus manos y sin paz sólo lucharás por sobrevivir y nunca tendrás tiempo suficiente para añadirle consciencia a las experiencias almacenadas en tu vida. De repente caíste a un sueño profundo e hipnótico y permitiste que gente ruin y déspota te condujera a una vida de terror, esclavitud emocional y pobreza. Para que despiertes de esa larga pesadilla te sugiero visualices una gran luz dorada, como olas que vienen del mar hacia ti y te bañan, limpiando con eso la oscuridad e ignorancia a la que fuiste sometido por tanto tiempo.



Con el paso de los años he constatado que una de las peores enfermedades que padece el ser humano es la desinformació n, refiriéndome enfáticamente a algunas verdades que manejan a su antojo y conveniencia ciertas instituciones y grupos de élite instalados en el poder. Al percatarme de esa oscura realidad tuve los suficientes motivos para entregarte, a través de este libro, información que te servirá para entender el mundo que te rodea, para que sepas cómo y por qué actúan de tal o cual manera los demás y, por supuesto, que termines conociéndote mucho mejor a ti mismo tanto por dentro como por fuera.



Esta obra es una guía o manual de procedimientos, es asesoría que te brindo en forma de un diálogo amistoso, pues sé que se convertirá en un momento dado en tu cuaderno de consulta. Has de saber que lo recopilé con profundo amor; fue hecho especialmente para ti, por tanto, tómalo, es tuyo. Estúdialo con mucha atención, pon siempre en práctica las enseñanzas vertidas en él y disfrútalo cada vez que lo vuelvas a revisar. Las frases aquí escritas son un compendio, como fruto de las investigaciones que llevé a cabo durante mucho tiempo, teniendo como modelo mi propia vida y la de los demás. Mi más caro anhelo es alcanzar a tocar las fibras más sensibles de tu ardiente corazón.



Si de algo estoy seguro es que tu mayor conquista en la presente existencia será la libertad, y lo bueno es que en todos sus aspectos, por eso pretendo conducirte a que la sientas con plenitud desde ya. Date cuenta que una vez que experimentes tu propia independencia conocerás la verdadera alegría de vivir. Sin estar vibrando desde una plena libertad no puedes evolucionar como debes, y sin evolución, no le das continuidad a tu preciado viaje. Aquí te voy a mostrar de forma clara cómo vas a enfocar tu energía mental en la liberación y te asombrarás de lo rápido que tu vida se transformará.



En otro capítulo te instruiré cómo puedes gozar de una vida más larga a como la conoces hoy en día. Esa longevidad te permitirá aplicar las lecciones más conscientemente y podrás exprimir el verdadero zumo de la enseñanza que te han dejado tus experiencias vividas. Cuanto más alargues tu vida mayor cantidad de vivencias atesorarás, las cuales te servirán para ir directo a la integración con tu Ser. ¿Sabías que viniste desde las dimensiones superiores con una misión que estás a punto de recordar? Hoy por hoy tú eres la parte física y mental de un hermoso ser de luz que vino a la Tierra a ayudar a reunir a la humanidad en una gran familia.



Cuando sientas el fuego crepitante del amor de tu corazón entenderás el propósito por el que estás en este mundo y dejarás de creer en la separación de tu esencia con la de los demás. Cuanto más cerca estés de tu Ser experimentará s más plenamente la vida; y cuanto más evoluciones, más aparecerán ante ti las posibilidades de experiencias sin fin. No olvides que salirte de la rutina te conducirá al crecimiento en todas sus facetas y ese desarrollo te llevará a perfeccionar tu vida, porque superarás día con día los nuevos desafíos que se te presentarán.



Pero te tengo que repetir, no te podrás comprender a ti mismo ni vas a aceptar la existencia de otras esencias hasta que no te deshagas de los conceptos equivocados que alguien más te hizo creer. Muchos conceptos que expongo en este trabajo sobre la realidad física te resultarán sorprendentes. Debes tomar en cuenta que todo eso lo percibo desde un punto de vista totalmente diferente al tuyo. Tú estás ahora enfocado en la única realidad que conoces, preguntando qué habrá afuera del tiempo y del espacio, y si es que hay algo, mientras que yo he estado tanto adentro como afuera en incontables ocasiones. Puedo ir y venir en tan sólo fracciones de segundo del tiempo, al igual que tú, nada más que lo haces inconsciente o durante los estados de sueño.



Tu Ser es el receptor interno de la realidad que existe más allá de la tridimensionalidad y lleva consigo el recuerdo de cada una de tus existencias pasadas. Éste puede palpar las dimensiones subjetivas, que son prácticamente infinitas y conoce el lugar preciso desde donde fluye toda la realidad objetiva. A través de los canales internos del Ser circula toda la información que necesitas para tu despertar. Esa porción de tu identidad es bastante clarividente y telepática de forma innata; es la que te avisa de los desastres antes que estos ocurran aunque no aceptes conscientemente el mensaje, y toda esa comunicación tiene lugar en menos tiempo del que te tardas en emitir un solo juicio a los demás.



Los elementos que aquí recibirás te ayudarán a encender antorchas de luz para iluminar la oscura senda que te conducirá sin mayores tropiezos a la meta final de tu cansado viaje. Date cuenta que estás parado justo en medio de un interesante proceso que tiene que ver con la energía del nuevo pensamiento del planeta, y aunque parezca el ‘frío amanecer’ de un nuevo día, éste promete ser uno de los más brillantes y hermosos en toda tu existencia.



Tu despertar está muy próximo, y lo veo excelso, grandioso y extraordinario por cualquier ángulo que se mire. Cuando concluya este hermoso recorrido que iniciamos juntos, y lleguemos a puerto seguro, echarás un vistazo atrás y advertirás con asombro lo que hiciste de ti. No darás crédito a que hayas estado tan cerrado y limitado desde el antiguo enfoque que tenías, porque te sentirás completamente renovado.



Liberar quiere decir: poder dejar ir; y aunque sé que tienes la tendencia a aferrarte a todo lo pasado, te propongo que sigas adelante, porque tu meta es que experimentes en carne propia la verdadera fusión o integración contigo mismo. Al ir transmutando tus viejos moldes de energía irás modificando tu propio destino; tu presente debe ser tu pasado completamente sanado, y con eso virtualmente cambiarás los potenciales de un mañana mejor, ¿a qué te suena eso?



Experimentar ‘lo nuevo’ no es cosa sencilla de hacer, porque sólo los de corazón fuerte logran buenos resultados. Los de ánimo débil se detienen a un lado del camino para ver cómo los otros en su accidentado recorrido van salvando una a una las pruebas que se les presentan, y hasta se dan el lujo éstos atolondrados de juzgar a aquéllos duramente. Reactivar los canales que te conectan con otras realidades implica que te enfrentarás a nuevas percepciones muchas veces imposible de ser explicadas a la luz de tu conocimiento actual; de allí la importancia que afrontes los retos con una mente sincera y dispuesta a lo que venga.



Estás entrando a un terreno donde las teorías quedaron atrás, son letra muerta, tiempo archivado, experiencias ajenas y opiniones vacías. Ahora caminarás por tu propio pie sintiendo y vivenciando todo de una manera distinta para que aprendas por medio de la experiencia real y verdadera. Para que puedas percibir la nueva realidad tendrás que desechar muchos conceptos que antes tenías. Para que pruebes de las mieles de tu nuevo entorno pasarás por el proceso donde aún siendo adulto te vuelves niño y ves con otros ojos lo que el universo te ofrece, nada más que no compararás, no confrontarás ni juzgarás como lo hacías antes; ahora simplemente observarás, experimentará s, te extasiarás y vivirás como no lo habías hecho jamás.



Hay quienes se resisten a entrar en su ciclo de auto-conocimiento porque no aceptan la integración con su parte interna, ¿por qué? Porque no se sienten merecedores de tanta belleza y piensan que necesitan sufrir aún más. No saben que su Ser llegó a este plano en forma de luz para experimentar cómo era estar dentro de un cuerpo físico celular. La esencia vino a disfrutar del amor y la alegría, y de paso a aprender cómo equilibrar la dualidad que le ofrece la escuela de la vida. El Ser nació en este mundo porque quiso experimentar lo no experimentado, vino a vivir lo no vivido y está aquí porque se propuso hacer conocido todo aquello desconocido para él.



La energía del sufrimiento y de la lucha interna proviene principalmente del hecho que es difícil para muchos aceptar al yo humano y a la identidad divina como una sola cosa, y piensan de sí mismos como algo alejado y diferente de lo que es la Conciencia Cósmica Universal. En algún tiempo permitieron que instalaran en sus mentes historias tales como que sus antepasados habían llegado hasta aquí desterrados del cielo, castigados por haber hecho algún mal; que su linaje era de pecadores y debían esperar siempre por un salvador que viniera a sacarlos de las profundidades del abismo, bla, bla, bla, bla. ¿Habías oído eso antes? Claro que sí, y ¿sabes que existen instituciones filosóficas y religiosas en la actualidad afectando más la conciencia que ninguna otra cosa en la Tierra? ¡Acertaste! Y yo te digo que si logramos producir cambios en dichas organizaciones, habrá como consecuencia mayor apertura para que todos los que anhelan la libertad puedan alcanzarla sin mayores dificultades.



Siempre he pensado que este es un tiempo maravilloso para que empieces a dar lo que le corresponde a los demás así como al planeta en el que vives. Usa la energía e inspiración que están vigentes a tu alrededor para convertirte en lo que has diseñado con el ojo de tu mente; recuerda que tienes la habilidad de reunir tus pensamientos rápidamente y convertirlos en materia o circunstancias, según lo determines, ¡en un instante! No necesitas esperar que sucedan cambios drásticos en tu diario vivir o en la Tierra para que empieces con tu cometido, en lugar de eso utiliza tu misión para empezar con los cambios; ¿no crees que sería lo mejor?



La semilla ya fue sembrada en la quietud de tu mente. En el momento mismo en que tomes control de tus pensamientos y tus sueños verás brotar el fruto de los mismos ante tus propios ojos. Todo aquel  que se ha ofrecido en servicio al nuevo mundo ya se le entregó su mandato. Escucha tu corazón y él te dirá por dónde y cómo empezar.



Espero aprendas algo de la siguiente historia que te contaré; se llama: “Correr riesgos”, y dice así: «Dos semillas estaban juntas en la tierra sembrada. La primera dijo: ¡Quiero crecer! Quiero que mis raíces lleguen muy abajo en el suelo y que mis retoños rompan la corteza de la tierra que tengo arriba... quiero desplegar mis tiernos brotes como banderas para anunciar la llegada de la primavera... quiero sentir el calor del sol en mi cara y la bendición del rocío matinal en mis pétalos. Y entonces creció…



La segunda semilla dijo: Tengo miedo. Si dejo que mis raíces vayan hacia abajo, no sé qué encontraré en la oscuridad. Si me abro camino a través del suelo duro por sobre mí puedo dañar mis delicados retoños... ¿y si dejo que mis brotes se abran y una serpiente trata de comerlos? Además, si abriera mis pimpollos, tal vez un niño pequeño me arranque del suelo. No, me conviene esperar hasta que sea seguro. Y entonces esperó… Un pájaro que andaba dando vueltas por el lugar en busca de comida, encontró la semilla que esperaba y enseguida se la tragó».



¿Qué se puede rescatar como aprendizaje al conocer esa historieta? Seguro estoy que va dirigida a aquellos que se niegan a correr riesgos y a crecer, porque tarde o temprano son tragados por la vida. ¿Entendiste la enseñanza? Espero que tú no seas de los indecisos. Atrévete a enfrentar lo que te toca, porque si no, corres el riesgo de ser “borrado del mapa”, y eso me imagino que duele… ¡Ay, ay, ay!



Por último, ya entrado en las lecciones que da la vida, te comparto una historia más, la cual lleva por nombre: “Teseo el renegón”. Y dice: «Teseo era un campesino muy trabajador, pero si algo le salía mal empezaba a renegar así: ─¡Maldición de las maldiciones malditas!─ Y así se la pasaba, renegando, refunfuñando, protestando y siempre malhumorado. Un día, muy temprano, Teseo subió a su carreta y emprendió el viaje rumbo al pueblo. La mañana era fresca y los pájaros cantaban. Todo parecía perfecto hasta que la carreta se atascó. Una rueda se había hundido en el lodo del camino. Entonces Teseo comenzó a manotear y maldecir, pero no hizo nada para resolver el problema. De pronto, Teseo se acordó de Atlas, un personaje muy poderoso que, según la leyenda, era capaz de cargar el mundo en la espalda. ─¡Atlas! ─empezó a gritar Teseo─. ¡Ven y saca mi carreta del lodo! Ayúdame, por favor. ¡Tengo que llegar al pueblo!─ Teseo estaba seguro de que Atlas llegaría para ayudarlo, así que lo llamó y lo llamó hasta que el gran Atlas se hizo presente. Teseo lo miró asombrado. ─¿Qué es lo que quieres? ─preguntó Atlas. ─Bueno ─comenzó Teseo, nervioso─, mi carreta se atascó y no puedo sacarla yo solo. ─¿Así que no puedes? ─dijo Atlas pensativo─. Está bien, te ayudaré, pero debes hacer lo que te diga. Primero limpia el lodo de la rueda. Luego, coloca tierra seca y piedras pequeñas frente a ella─. Teseo obedeció, con la esperanza de que Atlas finalmente le ayudara a sacar su carreta. ─Ahora ─continuó Atlas─, toma ese tronco y ponlo detrás de la rueda. Arrea tu caballo y cuando la carreta se mueva, empuja el tronco─. Teseo arreó su caballo y cada vez que la rueda se movía, él empujaba un poco más el tronco. Así, poco a poco, la carreta salió del lodazal. ─¡Gracias, Atlas!, sin tu ayuda mi carreta aún seguiría atascada. ─Pero si fuiste tú quien hizo todo ─señaló Atlas─. Sólo deja de renegar y piensa cómo solucionar tus problemas. Tú no me necesitas─. En ese momento Atlas desapareció tan misteriosamente como había llegado. Teseo continuó su camino hacia el pueblo. Desde ese día reniega menos y trata de resolver sus problemas sin maldecir ni refunfuñar».



¿Cuál crees que sea la moraleja del cuento? ¿Con qué personaje te identificas? ¿Eres Teseo, o acaso eres Atlas? Bueno, en realidad te compartí esa hermosa historia porque resulta que hay muchos ‘Teseos’ en el mundo que manotean y maldicen cuando tienen problemas pero no hacen nada para salir del bache en que están metidos, quieren que otro venga y les resuelva su vida. Mi trabajo como profesor y sanador ha hecho que en mi camino me cruce con un gran número de personas que sólo saben pedir y pedir, ándale, acertaste, se comportan igualito que Teseo… Hay quienes me exigen a gritos y sombrerazos que los cure o atienda a un familiar o amigo suyo. ¿Y sabes qué? Yo siempre actúo como Atlas; me encanta esa filosofía.



Ciertamente tengo muchas herramientas qué ofrecerte; si te das cuenta, eso es lo que estoy haciendo, y con mucho amor. Pero has de saber que yo no voy a resolver tus problemas. Mejor te enseño a que los enfrentes para que crezcas por ti mismo. Te doy la mano y te ayudo a caminar, pero una vez que lo dominas y lo sabes hacer tú solito, te suelto para que experimentes la libertad y vayas hasta donde quieras llegar, porque el límite lo pones tú y nadie más que tú.



Que te quede muy claro: ninguno debe cargar la mochila de otro. Todos llevamos cierto peso sobre nuestros hombros y no es justo echarse a cuestas la carga de los demás. Toma en cuenta que en vez de hacer un bien a tu prójimo terminarás perjudicándolo. No sólo sacies su hambre en este momento, enséñale mejor a conseguir su propio alimento y así subsistirá por más tiempo. No nada más ofrezcas pescado al hambriento, instrúyelo para que sepa pescar. Muéstrale con paciencia y amor cómo puede lograr la autosuficiencia. Entrega la ayuda consciente desde tu corazón a todos con quienes entres en contacto. Esa es la llave del éxito.

 
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