lunes, 4 de enero de 2010

La Nueva Energía en Manifestación

Atravesando la puerta mágica
Arcángel Miguel a través de Keshavananda


Lo Devas y la naturaleza



Amados trabajadores de la luz,

Les saludamos de nuevo en esta maravillosa puerta que se abre en el planeta Tierra a través del equinoccio del 20 de marzo, equinoccio de primavera en el hemisferio norte y equinoccio de otoño en el hemisferio sur. Se preguntarán el porqué de esta ambivalencia de manifestación en su hermosa tierra, Gaia. Dense cuenta de como su mundo refleja continuamente en todas sus manifestaciones esa dualidad que sus tradiciones orientales supieron entender tan bien en el pasado. Esa dualidad de las energías femeninas y masculinas, también de su hemisferio cerebral derecho e izquierdo, que tanta guerra y sufrimiento les ha traído en el pasado y que ahora están aprendiendo a comprender y a venerar, entendiendo la verdadera magia de la creación que se extiende tras esa maravillosa danza de energías que pueden ver manifestada en todo el mundo material, desde lo minúsculo del electrón y de las partículas elementales, a lo grande de los planetas, sistemas solares y galaxias. La comprensión y la integración de esa danza en su interior es lo que les lleva a ustedes a poder manifestar la conciencia de unidad y de paz con todo lo que le rodea y a dejar a un lado la vieja conciencia de lucha por la que han caminado ya por un excesivo tiempo.

Así que amados trabajadores de la luz, el equinoccio es un hermoso tiempo para honrar ese equilibrio y para unirse y equilibrarse con la Madre Tierra y con los elementales de la naturaleza.

Comprendan ustedes el significado de los equinoccios y solsticios. Así como los ciclos lunares representan el movimiento de sus propios ciclos mentales emocionales e inconscientes, los solsticios y equinoccios representan la respiración de la Madre Tierra y son los puntos principales de entrada de energía y de sincronización de su mundo con el cosmos y con la conciencia del universo. Es así porque todo el universo es la plasmación de la geometría sagrada del Creador y la Tierra en su movimiento forma parte de ese diseño sagrado. Podríamos decir que los solsticios configuran merkabas cósmicos donde la energía de las dimensiones superiores incide directamente en la conciencia de la tierra de 3ª dimensión. Y en estos momentos de gran cambio y de elevación de la vibración del planeta, podrán comprobar como cada vez más cada solsticio trae un nuevo salto de conciencia. Lo notarán en ustedes mismos y en la agitación del cambio del mundo que les rodea. Les hemos comentado en otras ocasiones, cómo la matriz electromagnética de control que ha rodeado a la Tierra está siendo  retirada para que la conciencia del planeta pueda conectarse con la luz del Creador y en cada solsticio en los próximos años podrán notar ustedes cómo verdaderas ráfagas de luz entran en el planeta afectando a su conciencia y a a la realidad (o irrealidad) de sus cuerpos físicos.

Entre los dos puntos del solsticio de invierno y del solsticio de verano, los equinoccios son puntos de equilibrio que marcan la transición entre ambas energías. Vean ustedes que la energía del solsticio de invierno es una energía de contracción, de recogimiento hacia adentro y la energía del solsticio de verano es una energía de expansión, de exhalación hacia afuera. Hagan la similitud con el ciclo de inhalación-retención-exhalación de su propia respiración, correspondiendo los equinoccios a su fase de retención y comprenderán cómo realmente el ciclo de solsticios y equinoccios corresponde a la respiración de la Madre Tierra. Y que cuando están ustedes conectados y sincronizados con dichos ciclos están conectados al prana de la Madre Tierra, a la verdadera vibración de vida que está en ustedes a través de la respiración. La conciencia de los ciclos de Gaia, les lleva a ustedes a conectar su propia respiración y su propio prana a la energía de la Tierra, la conciencia de la Madre Tierra que es la expresión de la conciencia Madre del Creador. De esta forma están uniendo también en su interior esa energía madre que les permite unificar su conciencia y salir de la prisión de la conciencia lineal de su hemisferio izquierdo. Realmente la Tierra es su camino para llegar al Cielo y por eso el alejamiento de esa conciencia de la Tierra les ha hecho experimentar por siglos el infierno en cada una de sus encarnaciones.

Durante mucho tiempo esa conciencia ha estado ausente de todos ustedes debido, sobre todo en occidente, a la tiranía ejercida por el dios cruel de la religión. Ese dios cruel masculino que ustedes mismos fabricaron les usurpó su relación mágica con la Tierra y con los elementales de la naturaleza y les llevó a considerar todo lo que les rodeaba como algo sin vida, algo que ustedes podían manipular y controlar a su antojo sin ninguna consecuencia. Se les privó de su capacidad de sentir y se les llevó a una relación no sagrada con la tierra y con el cosmos mismo. Esa cultura se extendió realmente por toda la tierra, contaminando todas las demás culturas y llevando a la mente humana a un profundo estado de agnosticismo y de ateismo del que ahora están despertando.

La nueva energía de la tierra les lleva y les exige un profundo cambio en la conciencia de la relación con todo lo que les rodea. Se trata de que aprendan ustedes a sacralizar su vida y su relación con el mundo. Muchos de ustedes, trabajadores de la luz en la energía de la Nueva Tierra ya están experimentando con nuevas formas de vida, fuera de las aglomeraciones urbanas y en cercanía con la naturaleza. Pero aún así, el simple hecho de que se muevan ustedes a lugares con más presencia natural no les garantiza el que hagan ustedes un cambio en su conciencia. Deben aprender a dialogar con los elementales de la tierra. Deben recobrar el sentido del ritual en las acciones que emprenden. Deben aprender a retirar su yo egoico de las cosas y de los proyectos que diseñan y que acometen. Y para eso es importante que aprendan a dejar atrás sus viejas formas de actuar desligadas de lo sagrado. Escuchen la voz de su Espíritu, de su Ser Superior y luego hablen con los elementales. Para eso les resultará de gran utilidad tomar el ejemplo de las antiguas culturas indígenas de Norteamérica. Ellas sabían como dialogar con los devas y los elementales de la naturaleza. Ellos sabían como utilizar el ritual para sacralizar su relación con la naturaleza. Deben de tomar de ellos la conciencia de que detrás de cada piedra, detrás de cada planta y de cada árbol, hay un espíritu vivo, un elemental de la madre tierra que sostiene la vida sobre el planeta. No pueden seguir removiendo rocas del suelo o cortando árboles como lo han hecho hasta ahora, sólo desde su conciencia mental. Si necesitan cortar un árbol, si necesitan remover piedras, primero mediten. Hagan una meditación de grupo si es un proyecto grupal, canten a la madre tierra y pidan su sabiduría e inspiración. Hablen con el deva del árbol que quieren ustedes cortar. Hablen con la presencia de las rocas que quieren ustedes remover. Coméntenles sus proyectos y las razones por las que piden ustedes su sacrificio. La conciencia de la Madre Tierra entenderá y les dará amorosamente su bendición cuando ustedes han sido capaces de actuar más allá de su conciencia mental, de los deseos y fabricaciones de su yo mental y emocional. De esta forma aprenderán a unir su corazón a la vida que les rodea y a hacer su propia vida una con todo y a que sus acciones estén rodeadas de equilibrio y cosechen por lo tanto equilibrio. Desde la conciencia mental guiando sus acciones, no importa donde estén ustedes, atraerán siempre desequilibrio a sus vidas y a sus entornos.

Se encuentran ustedes en un proceso de activación de sus centros energéticos superiores. Sus chakras superiores que hasta ahora han estado adormecidos se están activando en muchos de ustedes. Esta activación les llevará eventualmente a experimentar el poder de creación y de manifestación en la materia. El poder de materializar desde la luz es una característica adscrita a todo ser despierto conectado a la conciencia de la luz del Creador. Muchos de los poderes que han considerado en el pasado mágicos y accesibles sólo a unos pocos, yoguis o chamanes o personas con poderes especiales, aflorarán en ustedes conforme esos centros energéticos se activan. A la vez, por encima de esos centros, están apareciendo otros nuevos y hasta ahora desconocidos en su realidad, que son los chakras que les unen a la conciencia galáctica como seres multidimensionales.
Todo este proceso está sustentado sin embargo en su conexión con la Tierra, pues es a través de esa conexión con el corazón de la Madre Tierra como el chakra de su corazón puede estar abierto y activo, irradiando energía y conciencia al resto de los chakras. Les hemos comentado en otras ocasiones que son ustedes canales de energía entre el Cielo y la Tierra y eso es lo que ahora deben comenzar a manifestar en sus vidas y a encarnar a través de esa relación sagrada con la naturaleza y con todas las cosas.

Muchos de ustedes están sintiendo cómo cada vez es más difícil compaginar lo que les dice su corazón con el mundo cotidiano y las energías que les rodean. No se juzguen por eso. Es normal. Consideren que están ustedes viviendo en un mundo donde la conciencia de la inmensa mayoría de las personas que les rodean está desconectada de la energía del corazón. Ellos no se dan cuenta, porque no pueden darse cuenta. Su capacidad de sentir el mundo simplemente está cercenada y se mueven desde una percepción emocional-mental muy limitada de sus vidas y de lo que les rodea. Cuando un trabador de la luz comienza a conectar con la energía de su corazón, simplemente comienza a sentirse como alguien ajeno al mundo en el que vive y esto es algo que se incrementará mucho más conforme la vibración de la tierra siga aumentando. Vivirán al lado de personas que realmente estarán en otro mundo. Su vecino de enfrente estará viendo el mundo desde la vieja conciencia de su yo separado y ustedes se preguntarán que pueden hacer frente a alguien que simplemente no puede sentir lo que ustedes sienten. No se preocupen por eso y no le den mayor realidad. Aprendan a perdonar al mundo y a perdonarse a sí mismos. Sepan ustedes que no son de este mundo y de eso comienzan a darse cuenta conforme despiertan. Simplemente su trabajo es perdonar aquello que aparece delante de ustedes. No lo juzguen ni luchen contra ello. Es el espejo de la vieja conciencia que se presenta delante de ustedes. Bendíganlo y entréguense a su Ser pues es sólo de esta forma como la Nueva Tierra se está aproximando. Hagan las acciones necesarias que sientan que tienen que hacer, siempre desde la conciencia del amor y de la no lucha y acepten aquellas cosas que no pueden cambiar. Ver el "cuadro grande" les ayudará a salir de la tentación de implicarse emocionalmente en luchar por cambiar lo que aparece ante ustedes. Siempre que sientan ustedes "lucha" en sus acciones es que han vuelto a perderse y a alejarse de la visión grande y de la conciencia del corazón. Ustedes ya no son de este mundo, pero a través de su conciencia y de su amor un nuevo mundo está apareciendo. No tienen que luchar contra el viejo mundo sino confiar en el poder de su corazón y en el gran plan que ahora comienza a manifestarse en la Tierra. Siempre que se muevan desde la confianza en su Ser Superior estarán ustedes en el lugar correcto y cuando necesiten un cambio, éste amorosamente se les indicará y si están ustedes abiertos al fluir de la energía y abrazan la propia dinámica del cambio desde la confianza sin lucha, comprobarán como todo va sucediendo en sus vidas con armonía y suavidad. Simplemente ábranse al cambio como parte del fluir de la energía y dejen de luchar contra él y comprobarán cómo su propia guía interna en conexión con sus guías dimensionales les va indicando lo que tienen que hacer y cuando ya no tienen que estar en lugares que ya no les corresponden. Mientras tanto, mientras sientan que tienen que estar todavía en un determinado lugar simplemente irradien luz, unan la luz a sus acciones y estarán creando magia a su alrededor y ayudando a que eventualmente muchas personas dormidas comiencen a despertar y a cambiar su forma de ver. Es muy importante que comiencen a diferenciar claramente lo que son acciones de la luz en ustedes. Y la ausencia de lucha y la paz y unión amorosa con lo que les rodea que sentirán cuando actúen desde la luz, serán las señales que les indicarán cuando están en la forma de acción correcta.
Llegado el momento y cuando suficiente número de ustedes haya arraigado realmente su energía del corazón, sencillamente estarán moviéndose ustedes en una nueva dimensión, en una nueva vibración que hará que el mundo de la vieja energía no sea visible para ustedes. Ambos mundos seguirán coexistiendo en dimensiones paralelas, pero a modo de programas de ondas de radio de diferentes frecuencias, ambos serán imperceptibles el uno para el otro. Ustedes estarán en el lugar que les corresponde porque habrán hecho sus elecciones desde la comprensión de la energía del corazón y estarán ustedes vibrando en la misma longitud de onda del nuevo mundo. En estos momentos se encuentran ustedes en un punto intermedio de encrucijada entre esos dos mundo, por lo que sus conciencias mentales pueden sentir tanta desorientación en un momento dado. Sin embargo el camino es seguro e inevitable y está trazado en concomitancia con toda la energía del cosmos, de sus maestros ascendidos y guías arcangélicos. Conforme vayan dejando despertar en ustedes la conciencia de todas esas energías que les acompañan, su seguridad aumentará y se multiplicará irradiando a todo lo que les rodea. Toda duda o toda incertidumbre que pueda acarrearles este intenso proceso en el que la Tierra está embarcada, tengan por seguro que procede siempre de su yo mental. Éste es el que está acostumbrado a moverse en el tiempo y en sus propias fabricaciones imaginarias. Sencillamente están ustedes aprendiendo a descartarlo y a anclarse en el ahora y la confianza del corazón.

El próximo equinoccio del 20 de marzo es un momento importante donde se anclarán códigos de luz en su ADN que les permitirán procesar e integrar las poderosas energías de luz que entrarán a partir de julio, tras en solsticio del 21 de junio, donde la Tierra volverá a alinearse con el Sol central de la galaxia y la luz del cinturón de fotones incidirá directamente sobre el metal colectivo del planeta.

Como muchos de ustedes ya pueden sentir, están progresivamente entrando en un mundo mágico con unas nuevas reglas mucho más amplias de las que conocían en su viejo mundo de la tercera dimensión. Estarán ustedes todavía oscilando un poco entre la vieja conciencia de la limitación y el miedo y la nueva conciencia del amor y del poder, pero cada vez serán capaces de salir más rápidamente de la ilusión del temor y situarse en el espacio sagrado de su Ser. El hermoso equinoccio de primavera que se aproxima en su hemisferio norte junto con su correspondiente contraparte del equinoccio de otoño del hemisferios sur, será una maravillosa puerta mágica por la que podrán ustedes deslizarse siempre que estén dispuestos a aceptar el hecho de que su verdadero Ser se encuentra mucho más allá de su simple conciencia limitada del mundo de la tercera dimensión.

Les deseamos que disfruten de este tiempo mágico y se dejen acariciar y acunar por la energía de Gaia. Ella está deseosa de hablar y de reconocer a cada uno de sus hijos.


Yo Soy el Arcángel Miguel portador del rayo del fuego azul de la protección y la verdad y les saludo y les abrazo desde el corazón de Dios.

Arcángel Miguel a través de Keshavananda (Jesús Gómez).




    

Cinco siglos de prohibición del arcoiris en el cielo americano


El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.

    Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.

    Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.

    El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar ("que deprendan fablar"). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental ("mentally retarded") porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

    El Paraguay habla guaraní. Un caso único en la historia universal: la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales.

    De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución de Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español. La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros. El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios. (El español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.)

    Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de las Personas, en la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir ek nacimiento de un niño. Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha, un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero.

    Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue: los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse?

    Cuando yo era niño, en las escuelas del Uruguay nos enseñaban que el país se había salvado del problema indígena gracias a los generales que en el siglo pasado exterminaron a los últimos charrúas.

    El problema indígena: los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema. Y para que el problema deje de ser un problema, es preciso que los indios dejen de ser indios. Borrarlos del mapa o borrarles el alma, aniquilarlos o asimilarlos: el genocidio o el otrocidio.

    En diciembre de 1976, el ministro del Interior del Brasil anunció, triunfal, que el problema indígena quedará completamente resuelto al final del siglo veinte: todos los indios estarán, para entonces, debidamente integrados a la sociedad brasileña, y ya no serán indios. El ministro explicó que el organismo oficialmente destinado a su protección (FUNAI, Funda´c~ao Nacional do Indio) se encargará de civilizarlos, o sea: se encargará de desaparecerlos. Las balas, la dinamita, las ofrendas de comida envenenada, la contaminación de los ríos, la devastación de los bosques y la difusión de virus y bacterias desconocidos por los indios, han acompañado la invasión de la Amazonia por las empresas ansiosas de minerales y madera y todo lo demás. Pero la larga y feroz embestida no ha bastado. La domesticación de los indios sobrevivientes, que los rescata de la barbarie, es también un arma imprescindible para despejar de obstáculos el camino de la conquista.

    Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria.

    La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de comida para perros. Salvar a los indios también consiste en romper sus refugiso comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y putas de burdel. O salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar a otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega. Al fin y al cabo, los indios son buena carne de cañón: de los 25 mil indios norteamericanos enviados a la segunda guerra mundial, murieron 10 mil.

    El 16 de diciembre de 1492, Colón lo había anunciado en su diario: los indios sirven para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo que fuere menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a nuestras costumbres. Secuestro de los brazos, robo del alma: para nombrar esta operación, en toda América se usa, desde los tiempos coloniales, el verbo reducir. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta desaparecer: vaciado de sí, es un no-indio, y es nadie.

    El shamán de los indios chamacocos, de Paraguay, canta a las estrellas, a las arañas y a la loca Totila, que deambula por los bosques y llora. Y canta lo que le cuenta el martín pescador:

    -No sufras hambre, no sufras sed. Súbete a mis alas y comeremos peces del río y beberemos el viento.

    Y canta lo que le cuenta la neblina:

    -Vengo a cortar la helada, para que tu pueblo no sufra frío.

    Y canta lo que le cuentan los caballos del cielo:

    -Ensíllanos y vamos en busca de la lluvia.

    Pero los misioneros de una secta evangélica han obligado al chamán a dejar sus plumas y sus sonajas y sus cánticos, por ser cosas del Diablo; y él ya no puede curar las mordeduras de víboras, ni traer la lluvia en tiempos de sequía, ni volar sobre la tierra para cantar lo que ve. En una entrevista con Ticio Escobar, el shamán dice: Dejo de cantar y me enfermo. Mis sueños no saben adónde ir y me atormentan. Estoy viejo, estoy lastimado. Al final, ¿de qué me sirve renegar de lo mío?

    El shamán lo dice en 1986. En 1614, el arzobispo de Lima había mandado quemar todas las quenas y demas instrumentos de música de los indios, y había prohibido todas sus danzas y cantos y ceremonias para que el demonio no pueda continuar ejerciendo sus engaños. Y en 1625, el oidor de la Real Audiencia de Guatemala había prohibido las danzas y cantos y ceremonias de los indios, bajo pena de cien azotes, porque en ellas tienen pacto con los demonios.

    Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo.

    El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:

    -Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: "Cierren los ojos y recen". Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

    Los doctores del Estado moderno, en cambio, prefieren la coartada de la ilustración: para salvarlos de las tinieblas, hay que civilizar a los bárbaros ignorantes. Antes y ahora, el racismo convierte al despojo colonial en un acto de justicia. El colonizado es un sub-hombre, capaz de superstición pero incapaz de religión, capaz de folclore pero incapaz de cultura: el sub-hombre merece trato subhumano, y su escaso valor corresponde al bajo precio de los frutos de su trabajo. El racismo legitima la rapiña colonial y neocolonial, todo a lo largo de los siglos y de los diversos niveles de sus humillaciones sucesivas. América Latina trata a sus indios como las grandes potencias tratan a América Latina.

    Gabriel René-Moreno fue el más prestigioso historiador boliviano del siglo pasado. Una de las universidades de Bolivia lleva su nombre en nuestros días. Este prócer de la cultura nacional creía que los indios son asnos, que generan mulos cuando se cruzan con la raza blanca. Él había pesado el cerebro indígena y el cerebro mestizo, que según su balanza pesaban entre cinco, siete y diez onzas menos que el cerebro de raza blanca, y por tanto los consideraba celularmente incapaces de concebir la libertad republicana.

    El peruano Ricardo Palma, contemporáneo y colega de Gabriel René-Moreno, escribió que los indios son una raza abyecta y degenerada. Y el argentino Domingo Faustino Sarmiento elogiaba así la larga lucha de kis indios araucanos por su libertad: Son más indómitos, lo que quiere decir: animales más reacios, menos aptos para la Civilización y la asimilación europea.

    El más feroz racismo de la historia latinoamericana se encuentra en las palabras de los intelectuales más célebres y celebrados de fines del siglo diecinueve y en los actos de los políticos liberales que fundaron el Estado moderno. A veces, ellos eran indios de origen, como Porfirio Díaz, autor de la modernización capitalista de México, que prohibió a los indios caminar por las calles principales y sentarse en las plazas públicas si no cambiaban los calzones de algodón por el pantalón europeo y los huaraches por zapatos.

    Eran los tiempos de la articulación al mercado mundial regido por el Imperio Británico, y el desprecio científico por los indios otorgaba impunidad al robo de sus tierras y de sus brazos.

    El mercado exigía café, pongamos el caso, y el café exigía más tierras y más brazos. Entonces, pongamos por caso, el presidente liberal de Guatemala, Justo Rufino Barrios, hombre de progreso, restablecía el trabajo forzado de la época colonial y regalaba a sus amigos tierras de indios y peones indios en cantidad.

    El racismo se expresa con más ciega ferocidad en países como Guatemala, donde los indios siguen siendo porfiada mayoría a pesar de las frecuentes oleadas exterminadoras.

    En nuestros días, no hay mano de obra peor pagada: los indios mayas reciben 65 centavos de dólar por cortar un quintal de café o de algodón o una tonelada de caña. Los indios no pueden ni plantar maíz sin permiso militar y no pueden moverse sin permiso de trabajo. El ejército organiza el reclutamiento masivo de brazos para las siembras y cosechas de exportación. En las plantaciones, se usan pesticidas cincuenta veces más tóxicos que el máximo tolerable; la leche de las madres es la más contaminada del mundo occidental. Rigoberta Menchú: su hermano menor, Felipe, y su mejor amiga, María, murieron en la infancia, por causa de los pesticidas rociados desde las avionetas. Felipe murió trabajando en el café. María, en el algodón. A machete y bala, el ejército acabó después con todo el resto de la familia de Rigoberta y con todos los demás miembros de su comunidad. Ella sobrevivió para contarlo.

    Con alegre impunidad, se reconoce oficialmente que han sido borradas del mapa 440 aldeas indígenas entre 1981 y 1983, a lo largo de una campaña de aniquilación más extensa, que asesinó o desapareció a muchos miles de hombres y de mujeres. La limpieza de la sierra, plan de tierra arrasada, cobró también las vidas de una incontable cantidad de niños. Los militares guatemaltecos tienen la certeza de que el vivio de la rebelión se transmite por los genes.

    Una raza inferior, condenada al vicio y a la holgazanería, incapaz de orden y progreso, ¿merece mejor suerte? La violencia institucional, el terrorismo de Estado, se ocupa de despejar las dudas. Los conquistadores ya no usan caparazones de hierro, sino que visten uniformes de la guerra de Vietnam. Y no tienen piel blanca: son mestizos avergonzados de su sangre o indios enrolados a la fuerza y obligados a cometer crímenes que los suicidan. Guatemala desprecia a los indios, Guatemala se autodesprecia.

    Esta raza inferior había descubierto la cifra cero, mil años antes de que los matemáticos europeos supieran que existía. Y habían conocido la edad del universo, con asombrosa precisión, mil años antes que los astrónomos de nuestro tiempo.

    Los mayas siguen siendo viajeros del tiempo:

    ¿Qué es un hombre en el camino? Tiempo.

    Ellos ignoraban que el tiempo es dinero, como nos reveló Henry Ford. El tiempo, fundador del espacio, les parece sagrado, como sagrados son su hija, la tierra, y su hijo, el ser humano: como la tierra, como la gente, el tiempo no se puede comprar ni vender. La Civilización sigue haciendo lo posible por sacarlos del error.

    ¿Civilización? La historia cambia según la voz que la cuenta. En América, en Europa o en cualquier otra parte. Lo que para los romanos fue la invasión de los bárbaros, para los alemanes fue la emigración al sur.

    No es la voz de los indios la que ha contado, hasta ahora, la historia de América. En las vísperas de la conquista española, un profeta maya, que fue boca de los dioses, había anunciado: Al terminar la codicia, se desatará la cara, se desatarán las manos, se desatarán los pies del mundo. Y cuando se desate la boca, ¿qué dirá? ¿Qué dirá la otra voz, la jamás escuchada?

    Desde el punto de vista de los vencedores, que hasta ahora ha sido el punto de vista único, las costumbres de los indios han confirmado siempre su posesión demoníaca o su inferioridad biológica. Así fue desde los primeros tiempos de la vida colonial:

    ¿Se suicidan los indios de las islas del mar Caribe, por negarse al trabajo esclavo? Porque son holgazanes.

    ¿Andan desnudos, como si todo el cuerpo fuera cara? Porque los salvajes no tienen vergüenza.

    ¿Ignoran el derecho de propiedad, y comparten todo, y carecen de afán de rqueza? Porque son más parientes del mono que del hombre.

    ¿Se bañan con sospechosa frecuencia? Porque se parecen a los herejes de la secta de Mahoma, que bien arden en los fuegos de la Inquisición.

    ¿Jamás golpean a los niños, y los dejan andar libres? Porque son incapaces de castigo ni doctrina.

    ¿Creen en los sueños, y obedecen a sus voces? Por influencia de Satán o por pura estupidez.

    ¿Comen cuando tienen hambre, y no cuando es hora de comer? Porque son incapaces de dominar sus instintos.

    ¿Aman cuando sienten deseo? Porque el demonio los induce a repetir el pecado original.

    ¿Es libre la homosexualidad? ¿La virginidad no tiene importancia alguna? Porque viven en la antesala del infierno.

    En 1523, el cacique Nicaragua preguntó a los conquistadores:

    -Y al rey de ustedes, ¿quién lo eligió?

    El cacique había sido elegido por los ancianos de las comunidades. ¿Había sido el rey de Castilla elegido por los ancianos de sus comunidades?

    La América precilombina era vasta y diversa, y contenía modos de democracia que Europa no supo ver, y que el mundo ignora todavía. Reducir la realidad indígena americana al despotismo de los emperadores incas, o a las prácticas sanguinarias de la dinastía azteca, equivale a reducir la realidad de la Europa renacentista a la tiranía de sus monarcas o a las siniestras ceremonias de la Inquisición.

    En la tradición guaraní, por ejemplo, los caciques se eligen en asambleas de hombres y mujeres -y las asambleas los destituyen si no cumplen el mandato colectivo. En la tradición iroquesa, hombres y mujeres gobiernan en pie de igualdad. Los jefes son hombres; pero son las mujeres quienes los ponen y deponen y ellas tienen poder de decisión, desde el Consejo de Matronas, sobre muchos asuntos fundamentales de la confederación entera. Allá por el año 1600, cuando los hombres iroqueses se lanzaron a guerrear por su cuenta, las mujeres hicieron huelga de amores. Y al poco tiempo los hombres, obligados a dormir solos, se sometieron al gobierno compartido.

    En 1919, el jefe militar de Panamá en las islas de San Blas, anunció su triunfo:

    -Las indias kunas ya no vestirán molas, sino vestidos civilizados.

    Y anunció que las indias nunca se pintarían la nariz sino las mejillas, como debe ser, y que nunca más llevarían aros en la nariz, sino en las orejas. Como debe ser.

    Setenta años después de aquel canto de gallo, las indias kunas de nuestros días siguen luciendo sus aros de oro en la nariz pintada, y siguen vistiendo sus molas, hechas de muchas telas de colores que se cruzan con siempre asombrosa capacidad de imaginación y de belleza: visten sus molas en la vida y con ella se hunden en la tierra, cuando llega la muerte.

    En 1989, en vísperas de la invasión norteamericana, el general Manuel Noriega aseguró que Panamá era un país respetuosos de los derechos humanos:

    -No somos una tribu -aseguró el general.

    Las técnicas arcaicas, en manos de las comunidades, habían hecho fértiles los desiertos en la cordillera de los Andes. Las tecnologías modernas, en manos del latifundio privado de exportación, están convirtiendo en desiertos las tierras fértiles en los Andes y en todas partes.

    Resultaría absurdo retroceder cinco siglos en las técnicas de producción; pero no menos absurdo es ignorar las catástrofes de un sistema que exprime a los hombre y arrasa los bosques y viola la tierra y envenena los ríos para arrancar la mayor ganancia en el plazo menos. ¿No es absurdo sacrificar a la naturaleza y a la gente en los altares del mercado internacional? En ese absurdo vivimos; y lo aceptamos como si fuera nuestro único destino posible.

    Las llamadas culturas primitivas resultan todavía peligrosas porque no han perdido el sentido común. Sentido común es también, por extensión natural, sentido comunitarios. Si pertenece a todos el aire, ¿por qué ha de tener dueño la tierra? Si desde la tierra venimos, y hacia la tierra vamos, ¿acaso no nos mata cualquier crimen que contra la tierra se comete? La tierra es cuna y sepultura, madre y compañera. Se le ofrece el primer trago y el primer bocado; se le da descanso, se la protege de la erosión.

    Es sistema desprecia lo que ignora, porque ignora lo que teme conocer. El racismo es también una máscara del miedo.

    ¿Qué sabemos de las culturas indígenas? Lo que nos han contado las películas del Fas West. Y de las culturas africanas, ¿qué sabemos? Lo que nos ha contado el profesor Tarzán, que nunca estuvo.

    Dice un poeta del interior de Bahía: Primero me robaron del África. Después robaron el África de mi.

    La memoria de América ha sido mutilada por el racismo. Seguimos actuando como si fuéramos hijos de Europa, y de nadie más.

    A fines del siglo pasado, un médico inglés, John Down, identificó el síndrome que hoy lleva su nombre. Él creyó que la alteración de los cromosomas implicaba un regreso a las razas inferiores, que generaba mongolian idiots, negroid idiots y aztec idiots.

    Simultáneamente, un médico italiano, Cesare Lombrosos, atribuyó al criminal nato los rasgos físicos de los negros y de los indios.

    Por entonces, cobró base científica la sospecha de que los indios y los negros son proclives, por naturaleza, al crimen y a la debilidad mental. Los indios y los negros, tradicionales instrumentos de trabajo, vienen siendo también desde entonces, objetos de ciencia.

    En la misma época de Lombroso y Down, un médico brasileño, Raimundo Nina Rodrigues, se puso a estudiar el problema negro. Nina Rodrigues, que era mulato, llegó a la conclusión de que la mezcla de sangres perpetúa los caracteres de las razas inferiores, y que por tanto la raza negra en el Brasil ha de constituir siempre uno de los factores de nuestra inferioridad como pueblo. Este médico psiquiatra fue el primer investigador de la cultura brasileña de origen africano. La estudió como caso clínico: las religiones negras, como patología; los trances, como manifestaciones de histeria.

    Poco después, un médico argentino, el socialista José Ingenieros, escribió que los negros, oprobiosa escoria de la raza humana, están más próximos de los monos antropoides que de los blancos civilizados. Y para demostrar su irremediable inferioridad, Ingenieros comprobaba: Los negros no tienen ideas religiosas.

    En realidad, las ideas religiosas habían atravesado la mar, junto a los esclavos, en los navíos negreros. Una prueba de obstinación de la dignidad humana: a las costas americanas solamente llegaron los dioses del amor y de la guerra. En cambio, los dioses de la fecundidad, que hubieran multiplicado las cosechas y los esclavos del amo, se cayeron al agua.

    Los dioses peleones y enamorados que completaron la travesía, tuvieron que disfrazarse de santos blancos, para sobrevivir y ayudar a sobrevivir a los millones de hombres y mujeres violentamente arrancados del África y vendidos como cosas. Ogum, dios del hierro, se hizo pasar por san Jorge o san Antonio o san Miguel, Shangó, con todos sus truenos y sus fuegos, se convirtió en santa Bárbara. Obatalá fue Jesucristo y Oshún, la divinidad de las agus dulces, fue la Virgen de la Candelaria.. .

    Dioses prohibidos. En las colonias españolas y portuguesas y en todas ls demás: en las islas inglesas del Caribe, después de la abolición de la esclavitud se siguió prohibiendo tocar tambores o sonar vientos al modo africano, y se siguió penando con cárcel la simple tenencia de una imagen de cualquier dios africano.

    Dioses prohibidos, porque peligrosamente exaltan las pasiones humanas, y en ellas encarnan. Friedrich Nietzsche dijo una vez:

    -Yo sólo podría creer en un dios que sepa danzar.

    Como José Ingenieros, Nietzsche no conocía a los dioses africanos. Si los hubiera conocido, quizá hubiera creído en ellos. Y quizá hubiera cambiado algunas de sus ideas. José Ingenieros, quién sabe.

    La piel oscura delata incorregibles defectos de fábrica. Así, la tremenda desigualdad social, que es también racial, encuentra su coartada en las taras hereditarias. Lo había observado Humboldt hace doscientos años, y en toda América sigue siendo así: la pirámide de las clases sociales es oscura en la base y clara en la cúspide. En el Brasil, por ejemplo, la democracia raciasl consiste en que los más blancos están arriba y los más negros abajo. James Baldwin, sobre los negros en Estados Unidos:

    -Cuando dejamos Mississipi y vinimos al Norte, no encontramos la libertad. Encontramos los peores lugares en el mercado de trabajo; y en ellos estamos todavía.

    Un indio del Norte argentino, Asunción Ontíveros Yulquila, evoca hoy el trauma que marcó su infancia:

    -Las personas buenas y lindas eran las que se parecían a Jesús y a la Virgen. Pero mi padre y mi madre no se parecían para nada a las imágenes de Jesús y la Virgen María que yo veía en la iglesia de Abra Pampa.

    La cara propia es un error de la naturaleza. La cultura propia, una prueba de ignorancia o una culpa que expiar. Civilizar es corregir.

    El fatalismo biológico, estigma de las razas inferiores congénitmente condenadas a la indolencia y a la violencia y a la miseria, no sólo nos impide ver las causas reales de nuestra desventura histórica. Además, el racismo nos impide conocer, o reconocer, ciertos valores fundamentales que las culturas despreciadas han podido milagrosamente perpetuar y que en ellas encarnan todavía, mal que bien, a pesar de los siglos de persecución, humillación y degradación. Esos valores fundamentales no son objetos de museo. Son factores de historia, imprescindibles para nuestra imprescindible invención de una América sin mandones ni mandados. Esos valores acusan al sistema que los niega.

    Hace algun tiempo, el sacerdote español Ignacio Ellacuría me dijo que le resultaba absurdo eso del Descubrimiento de América. El opresor es incapaz de descubrir, me dijo:

    -Es el oprimido el que descubre al opresor.

    Él creía que el opresor ni siquiera puede descubrirse a sí mismo. La verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido.

    Ignacio Ellacuría fue acribillado a balazos, por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su poder de profecía.

    ¿Lo asesinaron los militares de El Salvador, o lo asesinó un sistema que no puede tolerar la mirada que lo delata?

    (1992)
    

    Eduardo Galeano

    
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