jueves, 26 de marzo de 2009

JOEY

MORRO DO DENDE





MORRO DO DENDE (O RAP DAS ARMAS)

El morro de dende es dificil de invadir
con los "alemanes" nos vamos a divertir (alemao es una ciudad vecina enemiga de dende)
porque en el morro de dende te voy a decir como es
aqui no la tiene facil ni el DRE (direccion de represion a "entorpecedores")
Para subir aqui al morro,
hasta el BOPE (brigada de operaciones policiales especiales) tiembla,
no la tiene facil ni el ejercito, la policia civil, ni la PM (policia militar)
Les doy el mejor concepto amigos mios,
pero el morro de dende tambien es tierra de dios

Viene uno con AR15 (modelo de ametralladora)
y otro con 12(calibre de un revolver remington) en la mano viene uno mas con pistola y otro con 28 (pistola glock)
uno tiene oro en el frente escoltando un camioneta de la policia
tiene 2 mas en la retaguardia,
pero tienen la glock en la mano
amigos que yo no olvido ni que dejo para despues
alla vienen 2 hermanitos con la 762(fusil automatico)
haciando tiros al aire, solo para probar
es que ellos son bandidos malos, y ninguna trabaja con AK47 (ametralladora rusa),
y en la otra mano una ametralladora

este rap es mañero lo digo para ustedes
quienes son esas caras con la M16 (otra ametralladora yanqui)
los vecinos de esta masa,
dicen que ya no aguantan
en la entrada de la ciudad ya tienen un punto 50 (lugar donde venden droga)

y si te tomas un PAH, sera que usted grita
en el punto 50 o en la entrada del punto 30
pero si fuera un "aleman" no lo dejo para mañana
acabo con el loco,
le doy un tiro de Paisan (otra pistola)
porque esos "alemanes" son todos locos
vienen de la vieja garrucha,
dan 2 tiros y salen volando
y si no fuera con un revolver,
lo quiebro en un monton
finalizo el rap detonando la granada

COSECHA AMARGA


EL BOOM DE LA SOJA


A los tumbos, los camiones avanzan por la derruida avenida de circunvalación de Rosario rumbo al puerto de San Lorenzo. Puñados de su preciada carga de porotos de soja caen y se acumulan en las banquinas. Pronto llegan los habitantes de las villas de emergencia cercanas, a barrer y juntar el grano. La "cosecha" va directo a la olla, a mitigar el hambre atrasada de quienes poco y nada saben de alzas en las cotizaciones o de monocultivos transgénicos. Mientras tanto, los grandes medios se empeñan en presentar como maná caído del cielo otro fenómeno simultáneo: la abrupta suba del precio internacional de la soja y su promesa de formidables negocios.

Lo cierto es que, por imperio de las subas en el mercado de Chicago, se afirma un cambio estructural en el campo argentino: la masiva consolidación del cultivo de la oleaginosa, que alcanzará esta campaña una dimensión nunca vista. Sin embargo, la esperada producción récord se lograría a expensas de nuevos desplazamientos de la ganadería y producciones tradicionales. Y, lo que es peor, afianzará el monocultivo a partir de procedimientos extractivos (propios de la minería) y agravará el despoblamiento del campo y la miseria urbana. Para unos, fuertes ganancias; para otros, el riesgo de una agricultura sin agricultores, en un suelo sin suelo desde el punto de vista biológico.
A sobrevivir

"En la coyuntura, la gente elige sobrevivir", dice Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria Argentina, en referencia a las decisiones de los productores, basadas en las buenas cotizaciones. A mediados de octubre el precio de la soja tocó el nivel más alto en seis años. El detonante fue la expectativa de reducción de la cosecha en Estados Unidos. Esta escasa oferta, unida a las crecientes necesidades de la forrajera por parte de China e India, disparó la cotización y el inmediato festejo de terratenientes y multinacionales en la Argentina. En los días siguientes muchos vendieron a muy buen precio el grano disponible de la cosecha anterior.
De inmediato empezó a programarse un incremento de 7 por ciento en la superficie a sembrar, de 12,8 a 13,6 millones de hectáreas (más del doble que hace seis campañas y la mitad de la superficie sembrada total). El pronóstico de producción se elevó a 37 millones de toneladas. Es decir, casi el 50 por ciento de la cosecha argentina de granos.

Algunos economistas de orientación neoliberal dijeron que la situación era como "un billete de lotería premiado" o como "Maradona en el 86". De hecho, la soja explica 3.100 de los 4.000 millones de dólares que aumentarán este año las ventas al exterior. Los ingresos por el grano ya representan una cuarta parte de las exportaciones argentinas. Con esas cifras, hasta el fisco se entusiasmó por el aumento de su tajada, vía retenciones a la exportación.
Sin embargo, esta situación "ha generado un quiebre en actividades tradicionales, lo cual pone en riesgo la sustentabilidad social de las áreas productivas", advierte Buzzi. Por su parte, Jorge Rulli, del Grupo de Reflexión Rural, señala que "todo esto tiene que ver con un modelo de ‘commoditización’, de vender productos primarios y obtener dólares.

Es un modelo implantado para pagar la deuda. Pero fomentar los monocultivos implica también disminuir las posibilidades de aportar al mercado interno y el consumo".
La paradoja se explica por las características del sistema productivo que se consolidó desde mediados del decenio anterior, dominado por las grandes empresas transnacionales y las tecnologías que ellas controlan. Los actores centrales de ese sistema son las industrias semillera y de agrotóxicos, el capital financiero concentrado (a través de los pools de siembra), la gran industria alimentaria y los supermercados, cada vez más responsables de la distribución final de alimentos.

Este modelo produce a gran escala con "ahorro" de mano de obra. Los fondos de inversión arriendan las tierras de los productores para explotarlas en función del máximo beneficio, degradan el medio ambiente y comprometen su capacidad productiva futura, por la extracción de nutrientes.

Buzzi: "Se debe modificar la relación entre los dueños de la tierra y los que la trabajan". Rulli: "En esta carrera acelerada, los pequeños productores van quedando en el camino". Pengue: "El proceso de transformación de bosques, selvas y pastizales no se va a poder revertir".

"Estamos avanzando en un proceso de transformación de recursos naturales de áreas diversas, bosques, selvas, pastizales, que no vamos a poder revertir", dice Walter Pengue, del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente, de la Facultad de Arquitectura de la UBA.

Desde el punto de vista económico, la Federación Agraria sostiene que el avance del monocultivo sojero replantea el problema del arrendamiento. "Se debe modificar la relación entre los dueños de la tierra y los que la trabajan", dice Buzzi. "Y aun a los que trabajan hay que ponerle un techo. Porque no es sustentable un esquema donde hay 50 o 70 mil hectáreas en manos de una sola empresa. Por eso planteamos una ley de arrendamiento que priorice a las medianas empresas, con un techo de 3 mil hectáreas". Según el dirigente, sería la forma de frenar la concentración del negocio ya que, a este paso, un par de miles de empresas van a desplazar a los productores más chicos y podrán trabajar todas las hectáreas agrícolas de la pampa húmeda. En la actualidad, el 20 por ciento de los productores ya tiene el 70 por ciento de la tierra, y la mayor parte es cedida a arrendatarios, a contratistas, a cerealistas, a pools de siembra y fondos de inversión.
La incorporación de nuevos territorios para la agroexportación generó también un profundo deterioro ambiental, en algunos casos irreversible. El sistema de siembra directa y las fumigaciones aéreas de herbicidas y plaguicidas provocaron la desaparición de especies nativas, como liebres y perdices. Y produjeron conflictos con campesinos que trabajaban y ocupaban legítimamente esas tierras, y con las comunidades de los pueblos originarios.

"Producciones importantes, como la de miel, la frutihorticultura, los cinturones verdes de las ciudades, están inermes frente al avance de la soja", constata Rulli. Incluso "se están levantando montes frutales, y desde 1988 se cerraron 15 mil tambos. El paradigma de la competitividad y de la disminución de costos hace que esto sea una carrera acelerada donde los pequeños productores y las unidades de producción familiar y campesina van quedando en el camino".

Para revertir este proceso, Buzzi propone recuperar producciones tradicionales. "Hay que inducir por vía impositiva y de regulaciones a que las zonas que eran tradicionalmente algodoneras, tamberas, arroceras, cañeras o productoras de porcinos vuelvan a serlo. Una hectárea de cualquiera de esas actividades genera empleo en una proporción de 5, 6 o 10 veces más que la soja"

.
En esa dirección, el dirigente consideró necesario eliminar retenciones en algodón, dar líneas de crédito para que se siembre, hacer rentable y proteger la actividad azucarera del ingreso de otros países. En el caso de la leche, poner un límite a los supermercados, de modo que paguen mejores precios a la industria y a los productores (hoy se quedan con el 50 por ciento). De lo contrario, "en los pueblos netamente sojeros, en muy pocos años va a sobrar la mitad de la población, porque no habrá empleo de ninguna clase".

Una opción sugerida por Rulli es "un cambio importante en las retenciones, que de alguna manera grave esta ganancia desmesurada de los monocultores que afecta el futuro de la Argentina". La propuesta del Grupo de Reflexión Rural se asienta en la convicción de que "estamos al borde de una catástrofe. En primer lugar, hidrológica y del suelo, incluida la desaparición de los bosques. Por eso estamos proponiendo que se declare la emergencia forestal. Además, está gravemente afectada la salud pública porque se están utilizando cócteles de agrotóxicos muy preocupantes para combatir malezas cada vez más resistentes".

Para que la campaña no sea sólo un buen negocio inmediato para pocos, y malos resultados a mediano plazo para muchos, el diputado Mario Cafiero (ARI) propuso elevar las retenciones al 35 por ciento en el caso de los granos (actualmente, 23,5 por ciento) y a 30 por ciento los subproductos (hoy, 20 por ciento). Con los recursos obtenidos se podría crear un Fondo Fiduciario para el Fomento Agrario, destinado a pequeños y medianos productores.
Reacción lenta

Las contracaras más preocupantes del fenómeno de la soja parecieran ser adecuadamente percibidas por las autoridades, particularmente de la secretaría de Agricultura. Sin embargo, se demoran las acciones concretas. "No es fácil –concede Buzzi– modificar unas reglas de juego que hasta ahora fueron impuestas por la empresa Monsanto y tres o cuatro grandes proveedores de insumos, que junto con los principales exportadores son los que definieron la política agropecuaria en la Argentina".

Pero al parecer no hay otro camino que revertir la actual orientación. Lo cual implicará adoptar medidas regulatorias o decisiones crediticias y fiscales que devuelvan rentabilidad a los cultivos tradicionales. "Habrá un costo para el Estado, pero será el mismo o menos que el que implicarán en el futuro los planes sociales para pobres e indigentes", evalúa el titular de la FAA.

Adicionalmente, una reconversión profunda del agro que aleje el riesgo del monocultivo requerirá trabajar en los agregados de valor. Por ejemplo, hay medio centenar de subproductos del maíz que se pueden desarrollar. De ese modo se podría sustituir gradualmente la exportación de granos con productos manufacturados. "La gente hace lo que es más rentable –sintetiza Buzzi–. Si gana más con los agregados del valor a partir del maíz va a hacer eso. Pero hay que estimularlo".

Queda además el interrogante de qué pasará si bajan los precios del grano, como pronostican Buzzi y Pengue, entre otros. Quienes advierten sobre esa perspectiva hablan muchas veces del mayor riesgo: que el país se convierta en una "republiqueta sojera", con grados de dependencia tecnológica innecesarios.
Un paquete transgénico

En nuestro país casi el 100 por ciento de los cultivos de soja son transgénicos. Es decir, se trata de soja genéticamente manipulada para tolerar el agroquímico que produce una multinacional estadounidense. La misma que tiene el derecho de propiedad sobre la semilla y que provee los insumos necesarios. Ese paquete tecnológico aumenta la dependencia de los agricultores y cierra el paso a la decisión de producir sin agrotóxicos nocivos para la salud y el ambiente.
Las principales provincias exportadoras de granos donde se han ensayado estas revoluciones tecnológicas son Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Casualmente, escenarios de profundas crisis locales y altísimos índices de desnutrición y de indigencia.
Deforestación creciente

La gradual "sojización" del campo tiene rasgos anecdóticos, como la siembra en potreros para practicar fútbol, como ocurrió en Pehuajó. Pero además, la expansión de la frontera agropecuaria hacia áreas que no eran de uso agrícola ya provocó deforestaciones de bosques y selvas nativas en las yungas salteñas, en Santiago del Estero, en Formosa. En las provincias norteñas el cultivo crecería 15 por ciento, frente a 3 a 5 por ciento en zonas pampeanas.
Productos tradicionales como el trigo, el maíz y el girasol pasaron a ocupar en los últimos años superficies entre 15 y 25 por ciento inferiores, y el caso extremo se observó en el cultivo algodonero, al que se destina ahora apenas un quinto de los campos que se utilizaban a fines de los 90.

Daniel Victor Sosa

Fuente: revista accion

EL DESIERTO VERDE

La soja se constituyó en el primer producto de exportación de Argentina y las plantaciones de esta leguminosa se expanden cada año a expensas de la ganadería y otros cultivos tradicionales como maíz, trigo, algodón, papa o lentejas.

”El campo argentino se transformó en un desierto verde”, señaló a IPS un preocupado cultivador ante el avance de esta leguminosa.

La Secretaría de Agricultura destaca los resultados de la cosecha de este año por haber llegado a los 36 millones de toneladas de soja, 98 por ciento de las cuales se exporta con destino a la elaboración de harina para consumo humano en países asiáticos y para alimento de animales en Europa.

Sin embargo, ambientalistas, técnicos y numerosos productores advierten que el enorme desarrollo del cultivo de soja, gracias a la biotecnología y a la siembra directa, va en desmedro de la diversidad productiva, provoca a largo plazo un deterioro del suelo y, paradójicamente, contribuye a la baja del precio.

Los valores de la soja en los mercados internacionales pasaron de 307 dólares por tonelada a mediados de los años 90, cuando se introdujo la variedad transgénica en Estados Unidos, a fluctuar ahora en torno a 200 dólares y sin perspectiva de repunte por el exceso de oferta.

”Noventa y cinco por ciento de nuestros socios se volcaron al cultivo de soja”, informó a IPS José Luis Lemos, coordinador de la sede en Buenos Aires de la Federación Agraria Argentina, una organización que pasó de reunir a 400.000 pequeños y medianos productores a inicios de los años 90 a 103.000 en la actualidad.

Un ejemplo de la invasión de la soja es el caso de la nororiental provincia de Chaco, tradicional productora de algodón.

En el pasado ”teníamos dos millones de hectáreas de (plantaciones de) algodón en el Chaco, con unas 150.000 personas empleadas en su cultivo, pero ahora, con la soja, quedan 100.000 hectáreas y vamos a tener que importar”, advirtió el productor.

”Con la difusión de la semilla transgénica y la técnica de siembra directa, producir soja es más redituable y simple que otras actividades del campo, aunque sabemos que el monocultivo a largo plazo afecta la calidad del suelo”, admitió Lemos.

Tradicionalmente, el productor hacía rotar diferentes cultivos en los suelos, o dejaba un sector para el pastoreo de ganado, de manera que la tierra descansara y recibiera el abono animal como principal fertilizante.

La siembra directa evita las tareas de labranza, lo cual permite acelerar el ritmo de producción. Esta técnica consiste en mantener siempre una cubierta vegetal sobre los suelos, por ejemplo con rastrojos de la siembra anterior, que actúa como abono natural y protege de la erosión y los cambios de temperatura.

Es utilizada tanto en la agricultura tradicional como en la orgánica. Pero en Argentina su aplicación masiva está asociada al modelo productivo intensivo de la soja transgénica, que es a su vez mucho más rendidora.

La variedad transgénica RR (Roundup Ready) fue desarrollada por la compañía Monsanto para resistir el uso intensivo del herbicida Roundup (basado en glifosato), fabricado por la misma empresa, que termina con todas las malezas que crecen junto a la planta.

Su utilización permitió eludir el combate específico de cada plaga, a expensas de una extrema dependencia de la empresa que vende semillas y herbicida.
”El productor es consciente de que la soja lo hace dependiente, que deteriora el suelo y que afecta la diversidad, pero 'la necesidad tiene cara de hereje'”, sintetizó Lemos, dueño de un predio de 100 hectáreas en la oriental localidad de Mercedes, provincia de Buenos Aires, que también destinó al cultivo de soja.

En diálogo con IPS, el economista Miguel Pereti explicó que en el sur de la central provincia de Córdoba la superficie sembrada con soja creció 118 por ciento en los últimos 10 años, a expensas del maíz, el sorgo y la ganadería.
”Ha sido una transformación muy grande y negativa desde el punto de vista de la sustentabilidad ambiental y social”, dijo.

En una década, la superficie ganadera se redujo 35 por ciento en esa zona, en particular en el ganado porcino, que pasó de 470.000 a 152.000 cabezas, según Pereti, coordinador del área de economía y estadística del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria en el distrito cordobés de Marcos Juárez.

La soja ”nació” como cultivo en Argentina hace apenas 30 años en el centro de la pampa húmeda: el norte de la provincia de Buenos Aires, el sur de Santa Fe y el sudoeste de Córdoba. En la década de 1990 más de la mitad de las tierras de esa área estaban plantadas con soja.

”Actualmente, 80 por ciento de las tierras aptas para agricultura tienen soja, y cuando comenzó a advertirse que la zona se saturaba se inició la expansión de la frontera hacia otras áreas de las provincias involucradas y a nuevas provincias como (las nororientales) Santiago del Estero, Chaco, Formosa y Entre Ríos”, destacó Pereti.

A su juicio, la expansión se vio facilitada por las nuevas tecnologías que permiten al productor obtener mejores rendimientos con la misma cantidad de hectáreas y mano de obra. ”Sembrar soja transgénica es más barato que cualquier otro cultivo”, aseguró.

Este factor importa más que la variable de precios a la hora de optar por este cultivo.

”Paradójicamente, el área sembrada crece a medida que cae el precio internacional de la soja, una crisis que comenzó en los (años) 90 en el sudeste asiático (y que) se va resolviendo así con una mayor expansión del cultivo”, advirtió Pereti.

Los más críticos son los ambientalistas. La expansión de la soja en Santa Fe y sobre todo en Chaco --donde nace el río Salado-- es una de las causas de las inundaciones que dejaron este año 24 muertos en la ciudad de Santa Fe, dijo a IPS el director de la ecologista Fundación Proteger, Jorge Capatto.
El Salado se desbordó luego de las fuertes lluvias de mayo e invadió la capital de Santa Fe, anegando miles de viviendas.

Los ambientalistas aseguran que la deforestación en Chaco y Santiago del Estero y la escasa permeabilidad de los suelos sometidos a la producción intensiva de soja contribuyeron a aumentar el caudal de ese río.

”Siembra soja y cosecharás inundados”, sintetizó Capatto.

Más críticos aún, los integrantes del Grupo de Reflexión Rural (productores, técnicos y activistas) opinan que la siembra directa, la soja transgénica y los herbicidas están haciendo de Argentina un país ”agrícola pero sin agricultores”, pues más de 500 aldeas han sido abandonadas por sus habitantes.

”Las transnacionales de las semillas --Cargill, Nidera, Monsanto-- nos convirtieron en un país productor de soja transgénica y exportador de forrajes”, dijo a IPS Jorge Rulli, del Grupo de Reflexión Rural.
”En paralelo, advertimos enormes carencias alimentarias en la población”, señaló.

”Cerca de 12 millones de hectáreas de soja transgénica --en un total de 26 millones de hectáreas con otros cultivos--, regados con más de 100 millones de litros anuales de herbicida producen enormes cantidades de suelo carente de toda vida microbiana que no retienen el agua”, alertó Rulli.

Asimismo, señaló que en los últimos seis años desaparecieron 17.000 granjas lecheras de la provincia de Buenos Aires. ”Estamos importando leche de Uruguay”, remarcó, y también se extinguió casi el cultivo de la variedad de trigo candeal y mermó la producción de maíz.

En la bonaerense localidad de San Pedro, se sembraban hasta hace pocos años unas 6.000 hectáreas de batatas y se hacían dos cosechas anuales de papas. Ahora esa misma tierra produce sólo soja. Lo mismo se repite con pequeñas cosechas de lentejas, zanahorias, alcauciles o arvejas, alimentos que actualmente se importan.

Para la Secretaría de Agricultura, esta transformación del campo no debe alarmar pues responde a la mejor rentabilidad que ofrece la soja con bajo riesgo para el cultivador.

A medida que la oferta aumente y los precios sigan bajando, muchos agricultores pueden volver a plantaciones tradicionales, arguyen las autoridades.

Pero para el Grupo de Reflexión Rural, sólo si se respeta una secuencia de cultivo y se eligen variedades complementarias se podrán ”neutralizar los efectos nefastos del monocultivo”. En cualquier caso, advierte, no es fácil volver a la producción tradicional.

Una forma de incentivar rotaciones racionales podría ser la implementación de un sistema de impuestos diferenciales que compensen las diferencias de rentabilidad entre la soja y otros cultivos, sostuvo el grupo en su informe de agosto.

De momento, su propuesta cae en un mar de soja.

Fuente: EcoPortal.net

Por Marcela Valente
TIERRAMERICA

SOJA TRANSGENICA

La soja transgénica es, por definición, agroquímico-dependiente. No se sostiene su desarrollo sin cantidades cada vez mayores de venenos herbicidas e insecticidas, provocando el primero de los problemas que preocupan: sus efectos sobre el medio ambiente.

Desde el año 1995, aproximadamente, hace su aparición la soja transgénica, provocando una verdadera explosión en el área sembrada con esta oleaginosa. A partir de allí se suceden problemas para el medio ambiente, alteraciones de la salud, especialmente en lo reproductivo, y un panorama futuro verdaderamente preocupante para los agricultores.
En 1995 hace su aparición un producto de revolucionaria concepción que venía a resolver la penuria habitual de los productores agrarios, acosados por los bajos rindes y los altos costos, se trataba de una variedad de soja denominada transgénica. Esta propiedad, su transgenicidad, lograda a través de la inclusión, por ingeniería genética, de un gen derivado de la caléndula, la hace resistente al glifosato, un herbicida de alta potencia que suprime todas las malezas que compiten por los nutrientes del suelo.


Desde entonces empieza generarse un monstruo de tremenda perversión y de muy difícil manejo.

La soja transgénica es, por definición, agroquímico-dependiente. No se sostiene su desarrollo sin cantidades cada vez mayores de venenos herbicidas e insecticidas, provocando el primero de los problemas que preocupan: sus efectos sobre el medio ambiente. Cuando se fumiga un cultivo no es únicamente este cultivo el afectado. Los campos linderos son alcanzados por la deriva, los cursos de agua son afectados por la filtración o la acción directa del veneno, asesinando la fauna acuática.

La soja transgénica tiene un efecto determinante sobre la economía particular del agricultor, pero también sobre la nacional. Este hombre cuyo trabajo ha sido sinónimo de sufrimiento, de dependencia de los precios de insumos relacionados con monedas extranjeras y de producción pegada a una moneda siempre débil y oscilante, ha encontrado en el espejismo de la soja la aparente solución a sus penurias. Además la novedad del silo bolsa o silo chorizo le permite mantener la producción en su campo, a la espera de mejores precios, y no entregarla al acopiador en el momento de la cosecha, que es por siempre cuando menos vale. Sin embargo, nadie advierte a este productor que su soja transgénica es ya casi maldita en Europa, en China, en Africa, en Medio Oriente; nadie quiere acallar el hambre con un producto que no es para consumo del pueblo.

Las enfermedades que los venenos agroquímicos producen van a pesar sobre una ecuación económica del país cuando haya que atender la dañada salud de los afectados, que seguramente recaerán sobre el ya debilitado sector público. Y ante esta sumatoria de aumento del gasto en salud más la imposibilidad de seguir vendiendo un producto que nadie quiere comprar, nos vamos a encontrar con la dificultad de producir una alternativa posible en un suelo desgastado por el Glifosato.

Finalmente, y quizá en forma primordial, la salud de nuestra gente se va a ver perjudicada. Por la constante exposición a productos que matan hierbas, insectos, peces... ¿cómo va a continuar esta lista?

Por la terrible acción de los delincuentes hormonales que endosulfan introduce en nuestros organismos simulando ser sustancias naturales, incapacitando a nuestra gente para la concepción.

Y peor aún por los efectos del consumo del poroto de soja transgénica como si fuera un alimento en lugar de ser un inhibidor de la absorción de hierro que le vamos a dar a niños anémicos provocando un déficit evolutivo intelectual irreversible y una dosis de símil hormona femenina que administrada por debajo de los dos años va a provocar un desbalance sumamente peligroso en esa edad.

Salud seriamente perjudicada, economía destruida, medio ambiente severamente dañado es la trilogía que, como herencia a las futuras generaciones va a producir la soja transgénica.













ALGO LE PASA AL SOL


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Hola amigos, ya hubiesen querido, los antiguos Babilonios, poder observar a nuestra estrella más cercana, el Sol, como nosotros lo podemos hacer. [Ver http://sohowww. nascom.nasa. gov/data/ realtime/ mdi_igr/512/

La prensa informa:
"...Nuestra estrella muestra una superficie inusualmente limpia desde hace 15 meses, carente totalmente de 'manchas solares'..". (Periódico El País -España-)

Pero me asombra lo poco que se difunde la curiosa noticia de la "Quietud del Sol"
Conocemos bien que el Sol tiene periodos de 22 años donde muestra unas manchas solares cíclicamente. Este periodo de 22 años tiene un periodo más corto de 11 años, que los radioaficionados conocemos bien, pues afectan a las comunicaciones de tipo radioeléctricas, haciendo que haya veranos con una propagación maravillosa y otros, donde enlazar con otras radios de países lejanos, sea una tarea imposible.

Pero lo curioso es que acabamos de empezar (2008) un ciclo de esos 11 años y, misteriosamente el Sol no presenta mancha alguna. ¿Que le pasa al Sol?

Si como un volcan, le da por lanzar sus vientos solares de forma violenta, es posible que nuestros sistemas de comunicación radioeléctricos caigan. ¿Se imaginan a todo un planeta sumido en el silencio?

ANTIPSIQUIATRIA

El discurso de la psiquiatría

Caracteriza a las disciplinas, cuando se consolidan, el poseer un lenguaje propio, un lenguaje que las constituye y funda.Tal lenguaje se consolida a partir de la interacción, entre el lenguaje “natural” o corriente” y el discurso científico.

Lo que llamamos “discurso científico” es un espacio de representación colectiva en el cual se da la ciencia como actividad humana.El trabajode la ciencia consiste en una permanente reformulación de sus objetos.De hecho, las disciplinas científicas pueden caracterizarse como discursos que creany re-crean los objetos de los cuales “fabrican” enunciados.Estos arte-factos se convierten, cuando el diálogo y la polémica fructifican, en factos.Los “hechos” de la naturaleza suelen ser el resultado de disputas zanjadas.Las “verdades” de la ciencia no son el fundamento de las comunidades científicas.Las comunidades científicas son comunidades de problemas y, sobre todo, de retóricas.Una físico reconoce a otro físico por su modo de concebir y desarrollar enunciados verosímiles sobre algún interés común.

Es necesario pues, estudiar el discurso científico en tanto que discurso, hay que reflexionar sobre sus orígenes y modo de constitución, hay que aceptar que no es sólo un producto sino una fuerza productiva.La realidad es una narrativa exitosa.Es aquello que se hace hablando en una comunidad de reconstrucciones de objetos que sólo existen en tanto se habla de ellos de una determinada manera.

El discurso del especialista no es más que una diferenciación, a veces deformada, del lenguaje corriente.Especialmente en las disciplinas cuya formalización discursiva no es de orden matemático y que basan su progreso más bien en la acumulación y ordenamiento de enunciados con contenido empírico. La verosimilitud, que no es precisamente la verdad sino una narrativa exitosa, es el logro al que aspira la ciencia.Sus instrumentos se perfeccionan en dirección a una retórica convincente, el argumento que da cuenta del máximo número de fenómenos, que a la vez resulta económico y elegante por su precisión.Tal es el caso del discurso de la psiquiatría.

Puede ser que la psiquiatría y otras disciplinas de carácter antropológico-médico no sean comparables a las ciencias que la tradición considera fundamentales, dado que en ella son evidentes ciertos rasgos de mutabilidad y obsolescencia que el historicismo ha considerado inherentes a la realidad social. Es innegable el impacto de la cultura y la época en la constitución de un vocabulario técnico y de su repertorio de conceptos. No son pocos los ejemplos en los que una afortunada expresión abrió insospechados caminos a la investigación y la práctica.No son escasos, tampoco, aquellos en que una palabra, por ese proceso que Lukács llamó “reificación”, se convirtió en cosa, creando un espejismo, un pseudoproblema en torno al cual se articulóun modo dehablar y se fundaron subdisciplinas y especialidades completas,hasta el punto de hacer pensar -cándidamente- que se avanzaba en las profundidades de la realidad natural.Un claro ejemplo de estostérminos desorientadores que se son extrañamente 'fructíferos' fue la voz 'esquizofrenia'.

Ahora bien, otro problema referido al estatuto del saber psiquiátrico es el del discurso inquisidor, la forma en que emplaza sus constructos como dispositivos del poder, de modo tal que una mismaexpresión en boca de un profano carece del peso -o las consecuencias en el orden médico-jurídico- que tiene si es dicha por un perito psiquiátrico.Supongamos que alguien rotula a un individuo de “demente”.Obviamente, la “verdad” no interesa para poner en marcha, por ejemplo, el sistema de atención médica.Sólo la reconstrucción técnica de lo designado por el vocablo es válida socialmente.Y ello, en virtud de ser el término usado por alguien que “sabe”.Saber, en este caso, supone que el instrumental lingüístico ha sido previamente “socializado” en usos y contextos específicos por parte de quién profiere la expresión. Participar, en rigor, de una tradición que valida el uso.

Así el trabajo de investigación, en cualquier disciplina, consiste en construir significados o, lo que es casi idéntico, inventar objetos para hablar de ellos.El lenguaje es la realidad constitutiva esencial de toda ciencia y también de toda práctica social.Una y otra se perpetúan por la enseñanza, que es la reconstrucción perenne de los significados sociales.

Hacer del discurso de la psiquiatría el punto central de la indagación, estudiarlo en sus mutaciones y en sus permanencias, no significa otra cosa que detenerse en su opacidad.

Los usos determinan el pensar.Muchos usos de la ciencia psiquiátrica de frontera no son ajenos.Se han gestadoen otras realidades, responden a distintos desafíos.Su impronta en el lenguaje nos obliga a veces a decir lo que no queremos, o a querer, lo que no decimos.Espera, en embrión, una psiquiatría latinoamericana que no sea simple recuerdo ni tampoco soberbia ignorancia y pintoresco localismo.Esa “ciencia solitaria”no se basará en la negación de sí ni en negación de otras.Debe basarse sobre un diálogo de permanente reconstrucción.Para hacerla, es fundamental detenerse en el discurso, que la expresa y constituye.

El concepto de enfermedad mental

La teoría de la enfermedad mental es científicamente imprecisa y su estatuto esta aún por definirse. La psiquiatría como institución represora es incompatible con los principios de una sociedad democráticay libre, y debe ser abolida. Al negar la validez científica de la teoría de la enfermedad no se esta negando la realidad de las enfermedades neurológicas, la locura, el crimen, el consumo de drogas y los conflictos sociales.

El concepto de enfermedad mental tuvo su utilidad histórica pero en la actualidad, es científica médica y jurídicamente inapropiado, así como moral y políticamente incorrecto por las razones que veremos en este artículo.



El mito de la 'enfermedad mental' y la fabricación de la locura.

En 1961, Thomas Szasz, médico psiquiatra, psicoanalista yactualmente Profesor Emérito de la Universidad del Estado de New York, publicóEl mito de la enfermedad mental, que inició un debate mundial sobre los denominados trastornos mentales. Szasz anota que la mente no es unórgano anatómico como el corazón o el hígado;por lo tanto, no puede haber, literalmente hablando, enfermedad mental. Cuando hablamos de enfermedad mental estamos hablando en sentido figurado, como cuando alguien declara que la economía del país está enferma. Los diagnósticos psiquiátricos son etiquetas estigmatizadoras aplicadas a personas cuyas conductas molestan o ofenden a la sociedad. Si no hay enfermedad mental, tampoco puede haber hospitalización o tratamiento para ella.Desde luego, las personas pueden cambiar de comportamiento, y si el cambio va en la dirección aprobada por la sociedad es llamado cura o recuperación.

Así pues,lo que la gente llama enfermedad mental como tal, no existe.Lo que hay son conductas, conductas anormales. Enfermedades son cosas como el cáncer y la hipertensión, por ejemplo.

En la mayoría de las así llamadas enfermedades mentales, no hay un correlato orgánico, una lesión neurológica, un trastorno químico, no hay un gen de la locura.; salvo en situaciones excepcionales como la depresión endógena, donde hay un problema a nivel de neurotransmisores (serotonina), pero si es una enfermedad es una como cualquier otra, no constituye una categoría aparte, ella -como cualquier otra- puede ser medicada, lo que es distinto a ser sedada, mantener en un estado de semi-inconsciencia; y si puede ser tratada aún cuando sea crónica, como la diabetes, no se justifica que existan Hospitales especiales -segregados- como el Psiquiátrico, la Clínica, etc., la locura no es contagiosa.

Existen diferencias político-religiosas entre ayudar a alguien con su consentimiento y tratar a alguien con drogas a la fuerza. El psiquiatra dice que el paciente está enfermo y que está sufriendo, mientras el enfermo pide que lo dejen en paz.

Thomas Szasz dirigepues el combate contra los internamientos psiquiátricos- señala, como se ha anotado que la enfermedad mental no existe y que los “locos” tratan de decirnos cosas incómodas, lo que no queremos oír. La sociedad cuenta con los psiquiatras para silenciarlos. Esta conspiración de silencio es lo que denuncia Szasz. Lo que se denomina 'enfermedades mentales' son los comportamientos de individuos que nos perturban. Laesencia de la locura es el disturbio social y el tratamiento que se aplica a aquellos que la “padecen” se asimila al de un cargo político en el marco de un Estado totalitario, el de disidencia. Así la psiquiatría es también un emplazamiento de lo que se ha dado en denominar el Estado Terapéutico, caracterizado por una excesiva sociedad excesivamente medicalizada y una cultura que tiene como correlato el crecimiento desmedido de la industria farmacéutica y sus obscenas ganancias, llegandoa constituir una de lasáreas de actividad económica más rentables y pujantes.

Si la esquizofrenia es una enfermedad del cerebro como, digamos, la enfermedad de Parkinson, o la enfermedad de Alzheimer, o la esclerosis múltiple, ¿cómo es que en muchos países hay leyes especiales de salud mental que obligan al internamiento o al tratamiento forzado de los llamados esquizofrénicos? Pero se sabe que nohay leyes especiales para el tratamiento coercitivo de las pacientes con Parkinson, Alzheimer y esclerosis múltiple.

Al señalar que la esquizofrenia es parte del mito moderno de la enfermedad mental, no se intenta negar la existencia de la locura. De hecho, la locura abunda dentro y fuera de los manicomios (ahora llamados hospitales mentales). Lo que estoy cuestionando es la veracidad científica de categorizarlay tratarla como una enfermedad legítima tan curable como una apendicitis o una neumonía. La locura, en su sentido clásico y literario, es más bien un asunto personal (anormalidad) o político (desacato o disidencia).

La Psiquiatría Institucional comprende todas las intervenciones impuestas a las personas por los demás. Estas intervenciones se caracterizan por la completa pérdida, por parte del denominado paciente, del control de la relación con elpsiquiatra.Su aspecto económico más importante es que el psiquiatra es un empleado pagado por una entidad privada o pública. Su característica social más destacada es el uso de la fuerza o del engaño.

Ahora bien, Szasz no es el único, pero ha sido uno de los primeros en denunciar la represión de la locura con su cortejo de camisas de fuerza, encierros, electroshocks, lobotomías y embrutecimientos químicos. Michel Foucault lo hizo en Francia con su célebre Historia de la locura, y Ronald Laing prosigue un combate parecido en Gran Bretaña. “Estoy al lado de Foucault -dice- en cuanto a denunciar la opresión psiquiátrica, pero me separo totalmente de él en el análisis y las soluciones.”Foucault veía en los asilos un instrumento de represión de la burguesía contra las “clases peligrosas”. Esto eshistóricamente falso, señala Szasz. Los primeros asilos fueron creados en Gran Bretaña por la aristocracia para impedir que sus miembros “desviados” disiparan su fortuna. El diagnostico de locura ha sido, y sigue siendo, un medio para desembarazarse de los que molestan. El loco es el que perturba, cuestiona, acusa. La locura no puede, por otra parte, ser definida con ningún criterio objetivo.

Tomemos la esquizofrenia: es el diagnóstico de “locura” más corriente. Los psiquiatras tratan de hacernos creer que existe con el mismo título que el cáncer o una úlcera. En la mayoría de casos, lo que se llama esquizofrenia no se corresponde con ningún desarreglo orgánico. Debe dejarse de afirmar que, detrás de cada pensamiento torcido, hay una neurona torcida. Si éste fuera el caso, precisa Szasz, habría que tratar la esquizofrenia como cualquier otra. Otros exigían medidas más drásticas, especialmente los paladines de lo que se llamó “movimiento antipsiquiátrico”, el cual tuvo mucho reconocimiento en las décadas de 1960 y 1970.Sus principios eran variados y controvertidos: la enfermedad mental no era una realidad objetiva de comportamiento o bioquímica sino una etiqueta negativa o una estrategia para lidiar con un mundo loco; la locura tenía su propia verdad y la psicosis, en tanto que proceso de curación, no debería ser suprimida farmacológicamente.

No existe siquiera un método objetivo para describir o dar a conocer los descubrimientos clínicos sin recurrir a la interpretación subjetiva y tampoco se cuenta con una terminología uniforme y precisa que comunique exactamente lo mismo a todos.Por consiguiente, se tienen profundas divergencias en el diagnóstico, hay un influjo continuo de nuevos términos y una nomenclatura que no deja de cambiar, así como un exceso de hipótesis que tienden a ser presentadas como hechos.Además, la etiología sigue siendo especulativa, la patogénesis sumamente oscura, las clasificaciones predominantemente sintomáticas y, por tal, arbitrarias o posiblemente efímeras; el tratamiento físico es empírico y está sujeto a modas mientras que la psicoterapia se halla aún en pañales y suele ser doctrinaria e ideológica.



Antipsiquiatría y derecho

La psiquiatrización del crimen y la humanización de la pena.

Esta psiquiatrización del crimen ha dado origen al mito del paciente mental peligroso: con bastante frecuencia los medios masivos de comunicación informan sobre un crimen alque, enseguida y tras la entrevista a un psiquiatra o psicólogo, se le endilga el calificativo de trastorno mental. Aunque no hay ninguna evidencia de que los llamados pacientes psiquiátricos son más peligrosos que los normales (la situación actual apunta más bien a todo lo contrario), el mito del paciente mental peligroso se resiste a morir.

El consumo de drogas legales e ilegales. Aunque la humanidad ha usado (y abusado de) drogas tales como el alcohol, la coca, la marihuana, el opio y sus derivados, y el tabaco durante siglos, el llamado problema de la droga, o drogadicción, o farmacodependencia, o abuso de drogasfue una creación del siglo XX con la promulgación de las primeras leyes antidrogas , y la inclusión del uso de ciertas drogas en la lista oficial de trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana. Hasta ese entonces, no teníamos el llamado problema de la droga, ni la palabra drogadicción tenía la connotación peyorativa que hoy tiene.

Décadas más tarde, la guerra antidrogas, supuestamente ejecutada para erradicar el consumo, es llevada a cabo con tanta insensatez y ferocidad que sus terribles consecuencias (un ambientede persecución inquisitorial,criminalidad, corrupción, daño ecológico y toxicidad agregada por la impureza) han terminado por afectar a toda la sociedad.

La historia de la ciencia está llena de teorías y modelos que fueron descartados una vez que se lograron avances que permitieron un conocimiento preciso de los fenómenos. No veo por qué no va a ocurrir lo mismo con la teoría de la enfermedad mental. Nos corresponde a los científicos la responsabilidad social derevisar crítica y constantemente el estado de nuestros conocimientos para asíponernos al día en nuestra labor.

La teoría de la enfermedad mental tuvo, pues,su utilidad histórica hasta el siglo pasado pero es, en la actualidad, científica y médicamente anticuada pues permite diagnosticar y tratar comoenfermos mentales a pacientes con enfermedades cerebrales o de otro tipo que cursan con trastornos involuntarios de conducta; y es moral y políticamente dañina porque se ha vuelto una cortina de humo para toda una serie de problemas económicos, existenciales, morales y políticos que, estrictamente hablando, no requieren terapias médicas sino alternativas económicas, existenciales, morales y políticas.

En Gran Bretaña el líder de la antipsiquiatría fue el igualmente carismático Ronald Laing (1027-1989), un psiquiatra de Glasgow inspirado por la filosofía existencialista de Sartre. Éste advierte, con un aforismo típico, que “la locura no es necesariamente sólo colapso sino también descubrimiento.Es una liberación potencial y una renovación lo mismo que esclavitud y muerte existencial”.En 1965 fundó el Kingsley Hall, una comunidad (se evitaba el término “hospital”) en un barrio obrero al este de Londres donde los residentes y los psiquiatras vivían bajo el mismo techo, estos últimos estaban allí para “ayudar” a los pacientes a superar las largas regresiones que caracterizan a la esquizofrenia.Laing fue un brillante escritor que se granjeó un circulo de seguidores durante el tiempo de la contracultura y las protestas estudiantiles contra la guerra de Vietnam.Películas como Family Life (1971) y Atrapado sin salida (One Flew Over the Cuckoo's Nest, 1975) suscitaron opiniones en contra de los asilos crueles y el papel policíaco y normativo de la psiquiatría.

Se ha hablado de una “fabricación de locura” para designar aquella prácticaque consisteen asignar etiquetas psiquiátricas -rotular- a personas que son extrañas, que plantean un desafío o que representan una supuesta plaga social.En este desenfreno estigmatizador, los psiquiatras orgánicos no son menos culpables que Freud y sus seguidores, cuya invención del inconsciente -según alega Szasz- prestó nuevos bríos a difuntas metafísicas de la mente y teologías del alma.

La antipsiquiatría, asociada fundamentalmente con políticas de izquierda, reclamaba la desinstitucionalización de las prácticas psiquiátricas.Al mismo tiempo y desde un ángulo totalmente diferente, los políticos de la extrema derecha, incluyendo a Ronald Reagan en los Estados Unidos y Margaret Tatcher en el Reino Unido, dieron su apoyo a la “asistencia comunitaria” ya que se oponían a la idea de un Estado benefactor y les interesaba eliminar esas costosas camas de los hospitales psiquiátricos. Enfermedad, y no hacer de los enfermos mentales una categoría aparte, a los que se encierra y se cuida de manera imperativa.



El psiquiatra es el inquisidor del siglo XX

“Para comprender el papel de la enfermedad mental en nuestra sociedad, conviene saber que nos encontramos en presencia de un fenómeno religioso, no científico.” El diagnóstico de “locura”, añade Szasz, ha sucedido, en nuestra civilización occidental, a la “posesión”. La bruja, los poseídos, molestaban, y eran, por tanto, eliminados por los inquisidores en nombre de la verdadera fe. Hoy, los psiquiatras son los nuevos inquisidores, y proceden a una eliminación semejante, pero ahora en nombre de la “verdadera” ciencia. Antaño se creía en la religión; hoy en la ciencia.

Una prueba adicional, según Szasz, del carácter pseudo-científico de la enfermedad mental es la evolución de los diagnósticos según las costumbres y las variantes culturales. A fines del siglo XIX, los psiquiatras trataban sobre todo a los histéricos y epilépticos. La histérica, como la bruja de la Edad Media, era generalmente una joven. De hecho, explica Szasz, la histeria no es otra cosa que una categoría verbal inventada por Charcot, el maestro de Freud, para medicalizar los conflictos que surgen entre las mujeres jóvenes y su entorno. Hoy, la histeriaha desaparecido prácticamente -y sin tratamiento-, comodiagnóstico a caído en desuso. Ha sido reemplazada por la esquizofrenia y la paranoia. La conclusión de Szasz es que “lo que nos molesta ha evolucionado”. Ahora bien, los pretendidos enfermos mentales buscan precisamente incomodarnos: “La enfermedad mental es la mayoría de las veces una representación destinada al público.” La esencia de la locura es el disturbio social. Pero los “locos” hacen algo más que molestarnos. A pesar suyo, nos prestan también eminentes servicios. El concepto de “enfermedad mental” nos permite acomodar comportamientos que nos cuesta aceptar que puedan ser normales y ello porque atentan contra nuestro narcisismo primario. Conductas como, por ejemplo, el “crimen”. Hoy “los criminales ya no son ejecutados; sino son tratados” , este es uno de los alegatos de la antipsiquiatría.

El concepto de “enfermedad mental” puede llegar a ser útil, -para gente interesada-/ nos presta eminentes servicios.El concepto de “enfermedad mental” nos permite acomodar comportamientos que nos cuesta aceptar que puedan ser normales.Por ejemplo, el “crimen”.

Un ejemplo: En el estado de Florida, un condenado a muerte no puede ser ejecutado porque los psiquiatras de la prisión lo encuentran demasiado loco para sufrir su pena ¿Hay que curarle, para poder ejecutarlo? pregunta Szasz

Los criminales ya no son ejecutados, sino que so tratados. La gente busca la enfermedad mental o la locura detrás del crimen; pero en la mayoría de los casos el criminal es normal y lo bastante inteligente para hacer crímenes complejos.

¿Por qué no aceptar que en el hombre hay, como dirá Freud, pulsiones Thanaticas; destructivas y autodestructivas; y que puede ser un animal asesino. La resistencia a reconocer todo esto responde a nuestro narcisismo primario, como a la excesiva medicalización de nuestra sociedad, la que ha conducido a considerar la apelación a la locura como un atenuante en lo que se ha dado en llamar la humanización de la pena.

Pero lo cierto es que en la historia han existido muchos asesinos y nadie ha dicho que eran “enfermos”, nadie dijo que Caín estaba enfermo cuando mató a Abel.Hitler que mató a millones de judíos, era de hecho un personaje popular, el líder de Alemania, aclamado en los mítines;después, mucho más tarde, se dijo que estaba loco; lo cual vendría a ser un atenuante para tanta atrocidad.

A este respecto consideremos el caso de un condenado a muerte, en Florida, no puede ser ejecutado porque los psiquiatras de la prisión lo encuentran demasiado loco para sufrir su pena. ¿Hay que curarle, para poder ejecutarlo?, pregunta Szasz.El tribunal Supremo de los Estados Unidos tiene la palabra.

Pero ¿por qué se obstina hoy la gente en buscar la enfermedad mental detrás del crimen?¿Es por humanidad?Todo lo contrario, responde Szasz.Si reconocemos que un hombre es capaz decometer a sabiendas un crimen espantoso, es porque la naturaleza humana puede ser absolutamente malvada.Y ocurre que lo que deseamos es que la naturaleza humana sea buena.No queremos admitir que el libre albedrío pueda conducir al crimen.Por tanto, el crimen no debe ser el resultado del libre albedrío, sino el de la enfermedad mental.

Hasta el siglo XVIII, el Mal era interpretado como una posesión por el diablo.Hoy, el Mal es necesariamente el signo de un trastorno genético y químico,Todo esto, según Szasz, tiene relación con el pensamiento mítico, no con la ciencia.Por otra parte, añade, si verdaderamente el comportamiento puede analizarse a partir de la observación del cerebro, ¿por qué no tratamos de averiguar las causas químicas de una buena acción, y nos interesamos sólo por las malas?“En realidad, la mayor parte de los criminales es normal, e incluso suficientemente inteligente para llevar a cabo crímenes muy complejos.”

Una de las conclusiones de la antipsiquiatría es que nada, según el conocimiento actual del funcionamiento del cerebro, permite explicar nuestras elecciones.El libre albedrío no es un fenómeno químico o eléctrico.Es imposible leer nuestros pensamientos en el cerebro.Si bien es exacto que ciertos pensamientosdesencadenan ciertas reacciones químicas, la causa de la reacción es el pensamiento libre.

Pero, precisa Szasz, la transformación de los criminales en enfermos mentales no es más que la punta del iceberg.Es sólo la expresión caricaturesca de un profundo movimiento de medicalización de la sociedad moderna, así como de la negativa a considerar al hombre como un individuo libre y responsable.

Por tanto, el psicoanálisis, como la psiquiatría, sólo serviría para negar el libre albedrío y para disminuir la responsabilidad individual.¿Por ejemplo?Los ladrones, explica Szasz, eran antaño considerados responsable de sus actos, y castigados como tales.Pero a partir del momento en que el ladrón se convierte en un “cleptómano”, ya no es responsable del robo; es “operado” desde el exterior por pulsiones que escapan a su voluntad y que él ignora.Este razonamiento se aplica actualmente al incendiario, que se ha transformado en un pirómano, al violador, al jugador, al juerguista o al fumador.La ilustración más reciente citada por Szasz es la del fumador inveterado que, ante los tribunales, acaba de obtener indemnización económica de un fabricante de cigarrillos americano. La agresiva publicidad del fabricante le habría incitado inconscientemente a fumar y arruinar su salud.



Ahora bien, las intervenciones psiquiátricas deben ser definidas con claridad como voluntarias o involuntarias (este es un criterio de demarcación con una importancia política, ética y religiosa). En las voluntarias, la persona busca la ayuda del profesional movida por sus problemas. Típicamente,el individuo es un beneficiario de la intervención del psiquiatra. En las involuntarias, la sociedad impone la intervención. Típicamente, el individuo es una víctima de la acción del psiquiatra, en tanto que la sociedad (la familia) es la beneficiaria. La psiquiatría involuntaria es incompatible con los principios de una sociedad democrática y libre, y debe ser abolida.

En 1970, Szasz publicó La fabricación de la locura: Estudio comparado de la Inquisición y el Movimiento de la Salud Mental, un monumental estudio histórico dedicado a demostrar que-con el declinar de la cosmovisión teológica y del poder delEstado Teocrático(la alianza del Estado y la Religión), y el ascenso de la cosmovisión científica y del poder delEstadoTerapéutico(la alianza delEstado y la Medicina y, en particular, la Psiquiatría-, el mito teológico de la herejía fue remplazado por el mito científico de la enfermedad mental, la persecución de brujas y herejes por la persecución de pacientes mentales y drogadictos, y la poderosa burocracia papal de la Inquisición por la poderosa burocracia estatal de la Psiquiatría Institucional.

En esta obra, que dio inicio a la nueva disciplina de la historia crítica de la psiquiatría (junto con la Historia de la locura en la Era Clásica, de Michel Foucault), Szasz define también los dos tipos de psiquiatría: la institucional y la contractual.

La Psiquiatría Institucional comprende todas las intervenciones impuestas a las personas por los demás. Estas intervenciones se caracterizan por la completa pérdida, por parte del denominado paciente, del control de la relación con elpsiquiatra.Su aspecto económico más importante es que el psiquiatra es un empleado pagado por una entidad privada o pública. Su característica social más destacada es el uso de la fuerza o del engaño.

La Psiquiatría Contractual comprende todas las intervenciones psiquiátricas buscadas por las personas, motivadas por sus dificultades o problemas. Estas intervenciones se caracterizan por la completa retención, por parte del llamado paciente, del control de la relación con el psiquiatra. Su aspecto económico más importante es que el psiquiatra es un profesional privado pagado por la propia persona (en nuestros días, la situación se complica por la existencia de los seguros médicos). Su característica social más notoria es la evitación de la coacción o del engaño.

Al señalar que la esquizofrenia es parte del mito moderno de la enfermedad mental, tampoco se está negando la existencia de la locura. De hecho, la locura abunda dentro y fuera de los manicomios( ahora llamados hospitales mentales). Lo que estoy cuestionando es la veracidad científica de categorizarlay tratarla como una enfermedad legítima tan curable como una apendicitis o una neumonía. La locura, en su sentido clásico y literario, es más bien un asunto personal (locura individual) o político (locura colectiva).

El concepto psiquiátrico del crimen surgió en elsiglo XX con la publicación de El criminal, el juez y el público (1929), de F. Alexander y H. Staub. Para estos autores, había dos clases de criminales: el normal y el anormal. Para el normal la penalidad tradicional era suficiente, en tanto que, para el anormal, Alexander y Staub recomendaban la abolición de los castigos y la implantación de tratamientos psiquiátricos.

Es importante tener en cuenta que esta tesis nació en la época del ascenso al poder de las ideologías totalitarias de la Italia fascista, la Alemania nazi y la Unión Soviética comunista, en las que los psiquiatras estaban dispuestos a cooperar con gobiernos dictatoriales en la represión de los ciudadanos.

Por su parte, Thomas Szasz, desde la publicación de El derecho, la libertad y la psiquiatría (1963), ha advertido que la PsiquiatríaInstitucional se ha convertido en una agencia represiva de control social.



Las metáforas de la enfermedad

¿Qué entendemos por enfermedad mental?

Esta psiquiatrización del crimen ha dado origen al mito del paciente mental peligroso: con bastante frecuencia los medios masivos de comunicación informan sobre un crimen alque, enseguida y tras la entrevista a un psiquiatra o psicólogo, se le endilga el calificativo de trastorno mental. Aunque no hay ninguna evidencia de que los llamados pacientes psiquiátricos son más peligrosos que los normales (la situación actual apunta más bien a todo lo contrario), el mito del paciente mental peligroso se resiste a morir.

Por último, cuando seguimos hablando de trastornos mentales, tenemos en mente otro tipos de hechos: los conflictos personales e interpersonales tales como la angustia, la ambición, las dificultades o desviaciones sexuales, la desavenencias familiares, las fobias, las inhibiciones y demás problemas propios de la fragilidad humana. Se piensa entonces que la vida es armónica y que los conflictos son causados por psicopatologías subyacentes que es preciso curar para ser felices. Esta es la versión pseudocientífica actual de la psiquiatría y la psicología clínica convencionales. No obstante, parece más realista aceptar que la vida es, en sí, una ardua construcción, y que lo que llamamos salud mental es-con más propiedad- la virtud o sanidad espiritual, la que no se logra mediante un arduo y tortuoso camino de aprendizaje, sino más bien con aquella higiene del alma que es la fe, la cual opera mediante la renovación del espíritu de nuestra mente.

La historia de la ciencia está llena de teorías y modelos que fueron descartados una vez que se lograron avances que permitieron un conocimiento preciso de los fenómenos. No hay razón para pensar que no va a ocurrir lo mismo con la teoría de la enfermedad mental. Aquí cabe una gran responsabilidad social y espiritual a los científicos y profesionales médicos, a saber, la de revisar su concepción del hombre para promover no sólo estilos de vida y de pensar saludables, sino también de aspirar a una salud integral que abarque al hombre interior y exterior, aquello que desde el entronque de la antropología hebrea y la moderna medicina psicosomática aparece como el verdadero ser del hombre,su unidad psico-biológica indisociable.

La teoría de la enfermedad mental tuvo, pues, su utilidad histórica hasta el siglo pasado pero en la actualidad se encuentra científica y médicamente desfasada pues arriesga diagnosticar y tratar como enfermos mentales a pacientes con enfermedades cerebrales o de otro tipo que padecen trastornos involuntarios de conducta; y es moral y políticamente nociva porque ha pretendido ser explicación de la infelicidad humana, cuyas manifestaciones fenoménicas pueden aparecer -biográficamente- bajo la forma de problemas económicos, existenciales, morales o políticos, pero que, estrictamente hablando, no requieren terapias médicas ni sólo alternativas económicas o políticas, sino una respuesta a la radical separatividad humana , a nuestra tristeza de no ser santos.

Adolfo Vásquez Rocca PH. D.
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