"Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced;
y el Dios de paz estará con vosotros"
(Filipenses 4:9).
Un pastor estaba haciendo una visita a un campo misionero.
Mientras se desplazaba de un lugar para otro, en la compañía de obreiros locales, oyó del líder: "Estamos yendo a un de los nuestros principales puntos de reunión. ¿Usted gustaría hacer un saludo y entregar un pequeño mensaje a los que estarán reunidos allí?" El pastor concordó, pero, estaba un poco reluctante debido a la barrera del idioma, a lo cual no sabía hablar. El guía, que ya estaba en aquel país hay muchos años, ya domeñando perfectamente el idioma, buscó dejarlo tranquilo, diciendo: "Interpretaré a usted. Nosotros practicaremos un poco antes del inicio de la reunión. Estoy cierto que no habrá ninguna dificultad". "Yo intentaré", contestó el pastor, "aunque yo no tenga el hábito de practicar lo que predico." Puede hasta ser chistoso qué el pastor dijo, pero sus palabras expresan un problema que todos nosotros, cristianos, enfrentamos: No solemos practicar lo que predicamos.
Realmente es interesante la afirmación de aquel predicador.
Él se refería a "ensayar" antes del sermón, pero muchos de nosotros, hijos del Dios Altísimo, no practicamos, en la forma de vivir, aquello que predicamos de las Sagradas Escrituras. Proclamamos con mucho entusiasmo que el cristiano debe amar al prójimo y hasta a los enemigos. ¿Y será qué es eso que hacemos? Predicamos que la fe nos hace descansar en los brazos de nuestro Salvador. ¿Hemos sido, así, inabaláveis en nuestra fe? Predicamos que no hay otro camino sino el Señor Jesus. ¿Será que nunca nos desviamos, buscando algunos "atajos"?
Sé que todo eso decorre del hecho de ser humanos, fallos, inconstantes, pero todo sería muy diferente si, allende prediquemos la Palabra de Dios, a "practicásemos" en todos los momentos de nuestras vidas.
¿Es difícil ser Santo? ¡Claro qué es! ¿Es imposible ser Santo? ¡No! Dependemos exclusivamente del Señor y, confiando en Su fuerza y poder, alcanzaremos la victoria deseada. ¿Suele vivir aquello qué predica?
(Filipenses 4:9).
Un pastor estaba haciendo una visita a un campo misionero.
Mientras se desplazaba de un lugar para otro, en la compañía de obreiros locales, oyó del líder: "Estamos yendo a un de los nuestros principales puntos de reunión. ¿Usted gustaría hacer un saludo y entregar un pequeño mensaje a los que estarán reunidos allí?" El pastor concordó, pero, estaba un poco reluctante debido a la barrera del idioma, a lo cual no sabía hablar. El guía, que ya estaba en aquel país hay muchos años, ya domeñando perfectamente el idioma, buscó dejarlo tranquilo, diciendo: "Interpretaré a usted. Nosotros practicaremos un poco antes del inicio de la reunión. Estoy cierto que no habrá ninguna dificultad". "Yo intentaré", contestó el pastor, "aunque yo no tenga el hábito de practicar lo que predico." Puede hasta ser chistoso qué el pastor dijo, pero sus palabras expresan un problema que todos nosotros, cristianos, enfrentamos: No solemos practicar lo que predicamos.
Realmente es interesante la afirmación de aquel predicador.
Él se refería a "ensayar" antes del sermón, pero muchos de nosotros, hijos del Dios Altísimo, no practicamos, en la forma de vivir, aquello que predicamos de las Sagradas Escrituras. Proclamamos con mucho entusiasmo que el cristiano debe amar al prójimo y hasta a los enemigos. ¿Y será qué es eso que hacemos? Predicamos que la fe nos hace descansar en los brazos de nuestro Salvador. ¿Hemos sido, así, inabaláveis en nuestra fe? Predicamos que no hay otro camino sino el Señor Jesus. ¿Será que nunca nos desviamos, buscando algunos "atajos"?
Sé que todo eso decorre del hecho de ser humanos, fallos, inconstantes, pero todo sería muy diferente si, allende prediquemos la Palabra de Dios, a "practicásemos" en todos los momentos de nuestras vidas.
¿Es difícil ser Santo? ¡Claro qué es! ¿Es imposible ser Santo? ¡No! Dependemos exclusivamente del Señor y, confiando en Su fuerza y poder, alcanzaremos la victoria deseada. ¿Suele vivir aquello qué predica?


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