"Porque tú eres mi roca y mi castillo; Por tu nombre me guiarás y me encaminarás" (Salmos 31:3).
Cierta noche, una pequeña niña hacía, suavemente, sus oraciones. Su madre le dijo: "Yo no estoy oyendo a usted, querida". "No se preocupe, mamá", contestó ella con firmeza, "yo no estaba conversando con usted."
¿Hemos tido, como aquela niña, la costumbre de conversar con el Señor? ¿Estamos conscientes de lo qué hacemos? ¿Hemos creído, firmemente, qué el Señor nos oye y nos contesta?
¿Estamos prestos a aceptar Su respuesta, sea ella afirmativa o no?
El grande secreto de una vida feliz y bendita es colocar todos nuestros anhelos, dudas, inquietudes y todo el más, en la presencia de nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo.
Sólo Él tiene la respuesta correcta, la decisión más acertada, el mejor camino a seguir. A Su lado caminamos tranquilos y seguros y podemos creer que no erraremos la dirección.
Cuando conversamos con el Señor, sin que los otros puedan oír, estamos le diciendo que en él está colocada toda nuestra confianza. ¿Por qué buscaríamos otros lugares si solo Él tiene la mejor palabra, el mejor consejo, la mejor solución para todo cuanto nos aflige? Es nuestra roca y castillo y nadie puede nos bendecir como nuestro Dios.
Pasa usted por un momento difícil, converse con la Roca. Si necesita hacer una opción y no sabe lo que decidir, converse con la Roca. Si su vida parece haber desmoronado y usted no tiene fuerzas para reconstruirla, converse con la Roca. Si usted está se sintiendo la más feliz de todas las criaturas, sonría y agradezca a la Roca.
Jesús es nuestra Roca y no debemos nos alejar de ella en momento alguno. Firmados en ella tendremos la plena convicción de que seremos felices para siempre.
Cierta noche, una pequeña niña hacía, suavemente, sus oraciones. Su madre le dijo: "Yo no estoy oyendo a usted, querida". "No se preocupe, mamá", contestó ella con firmeza, "yo no estaba conversando con usted."
¿Hemos tido, como aquela niña, la costumbre de conversar con el Señor? ¿Estamos conscientes de lo qué hacemos? ¿Hemos creído, firmemente, qué el Señor nos oye y nos contesta?
¿Estamos prestos a aceptar Su respuesta, sea ella afirmativa o no?
El grande secreto de una vida feliz y bendita es colocar todos nuestros anhelos, dudas, inquietudes y todo el más, en la presencia de nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo.
Sólo Él tiene la respuesta correcta, la decisión más acertada, el mejor camino a seguir. A Su lado caminamos tranquilos y seguros y podemos creer que no erraremos la dirección.
Cuando conversamos con el Señor, sin que los otros puedan oír, estamos le diciendo que en él está colocada toda nuestra confianza. ¿Por qué buscaríamos otros lugares si solo Él tiene la mejor palabra, el mejor consejo, la mejor solución para todo cuanto nos aflige? Es nuestra roca y castillo y nadie puede nos bendecir como nuestro Dios.
Pasa usted por un momento difícil, converse con la Roca. Si necesita hacer una opción y no sabe lo que decidir, converse con la Roca. Si su vida parece haber desmoronado y usted no tiene fuerzas para reconstruirla, converse con la Roca. Si usted está se sintiendo la más feliz de todas las criaturas, sonría y agradezca a la Roca.
Jesús es nuestra Roca y no debemos nos alejar de ella en momento alguno. Firmados en ella tendremos la plena convicción de que seremos felices para siempre.


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